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Se dice que el título es la parte del artículo donde se debe utilizar el máximo de ingenio con el mínimo de palabras. Infortunadamente en su elaboración se usa poco pensamiento y por lo general se escribe al comienzo del artículo, cuando aún no se conoce exactamente el verdadero contenido del texto.
Se debe recordar siempre que el lector de cualquier revista cuando la toma en sus manos, observa con detenimiento los títulos del índice, y allí decide si pasa al artículo. Por eso es tan importante cuando se elabora un título que éste le explique al lector cuál es el contenido que va a encontrar.
El profesional de la salud por lo general lee las revistas biomédicas en la noche, al regresar a casa, cansado de un largo día, lleno de problemas de diagnósticos complejos, o procedimientos terapéuticos, o de individuos severamente enfermos y con llamadas inoportunas. Se debe entonces facilitar su lectura y no sólo escribir un artículo redactado de manera agradable, sino llamarle la atención en forma adecuada para que la selección del documento que va a leer, llene sus expectativas.
Un título claro, breve, conciso, llamativo, llegará mejor a la audiencia a quien se dirige el artículo, y quizá prolongue su permanencia en el mundo científico.
VENTAJAS DE UN BUEN TITULO
Un título correctamente elaborado beneficia tanto al autor como al lector. El informe dado en él permite no sólo tomar la decisión de continuar con la lectura del resumen, sino que ayuda a elaborar los índices en los sistemas que recuperan la información de la manera más apropiada para su clasificación.
CUALIDADES DE UN BUEN TITULO
Un buen título, además de la exactitud y la confiabilidad, debe ser claro, conciso, específico y, si es posible, llamativo.
Claridad. Los títulos oscuros o ambigüos se deben prohibir en la literatura biomédica. De todas maneras desdice de los editores de una buena revista. No sólo son enigmáticos, sino que esconden el verdadero significado que se quiere dar. Se debe evitar el uso de palabras en otros idiomas e igualmente el uso de acrónimos y epónimos no bien conocidos, como p.e., cuando se titula «La enfermedad de Cotonio» a la archiconocida «ciática,» o escribir «El síndrome de Crokhite» para denominar a los pólipos gastrointestinales con alopecia difusa y distrofia de las uñas, y de enunciar el EPOC como contenido del texto. Recuerde que cuando lean su título no debe requerirse consultar el diccionario.
Brevedad. Ser conciso es la segunda característica que debe tener un título. Los títulos largos no sólo son ineficientes sino descorteses con el lector. P.e., «Un ensayo clínico doble ciego de dosis bajas de heparina subcutánea en la prevención de la trombosis de las venas profundas después del infarto de miocardio,» queda mucho mejor si simplemente se escribe «Trombosis de las venas profundas después del infarto miocárdico: prevención con heparina.»
La regla es no pasar de 12 a 15 palabras sino excepcionalmente, cuando se requiere dar mayor claridad a lo enunciado. Tampoco se debe caer en el otro extremo y volver el título telegráfico, pues esta no es la respuesta a la sugerencia anterior.
Los títulos se pueden acortar sanamente, sin sacrificar el contenido, si se suprimen palabras innecesarias como «un estudio de...,» «análisis de...,» «investigación sobre...,» «informe preliminar de...,» etc. Igualmente se pueden eliminar redundancias como en «heridas traumáticas de la vena cava inferior,» «sangrado postoperatorio quirúrgico asociado con la ingestión de aspirina,» etc.
Especificidad. Se debe ir directamente a las palabras que sin lugar a dudas definen el texto del artículo. Los términos ambigüos y el adorno literario no funcionan bien en la redacción científica y, el ser bien concreto en la enunciación es preferible a los circunloquios exagerados. Se deben evitar las generalidades. P.e., en lugar de escribir: «Una complicación de la aortografía translumbar,» especifique mejor la complicación y diga: «Disección aórtica después de la aortografía translumbar.» No redactar el título como «Cáncer en Cali,» sino especificar qué localización o localizaciones del cáncer se revisan, o qué aspectos se van a tratar como los epidemiológicos, o los quirúrgicos o las complicaciones del cáncer.
Ser llamativo. El título debe ser tan innovador que llame la atención, pero sin decir mentiras; es decir, que no exagere el contenido del texto. Se debe aprender de los títulos de las publicaciones no científicas. ¿A quién no le interesa «Cien años de soledad?» Y si Gabriel García Márquez (o sus editores) lo hubieran llamado «Las mariposas amarillas de Macondo,» ¿no habría sido distinto?
ERRORES QUE SE DEBEN EVITAR
Gramaticales. El título, por convención, no es una oración gramatical completa. Por ejemplo «La terapia digital de largo plazo incrementa la función del ventrículo izquierdo en la falla cardíaca,» queda mejor sin el verbo incrementar. También se recomienda no usar los artículos definidos (las, los), o indefinidos (unos, unas), y las preposiciones, que sencillamente alargan el título sin añadir claridad.
Use bien las reglas de la gramática castellana, en especial la sintaxis. ¿No cree que suenan muy jocosos títulos como «La primera muerte del interno» «Circulación del estómago,» «La muerte de las madres en Cali,» «Toxoplasmosis en humanos generados de los gatos,» «Agentes microbianos: un tema infeccioso» entre otros?
Ilógicos. El fraseo del título debe hacerse con mucho cuidado, porque se pueden enunciar en forma ilógica. Por ejemplo, «Prevención de la muerte súbita recurrente,» o «Sobrevida después del ahogamiento,» o «Recurrencia después de la excisión curativa del cáncer del cuello uterino.»
Por último, se debe recordar que el título ayuda a difundir una contribución importante en el área biomédica. El título, por tanto, es vital para comunicar los nuevos conocimientos. Los artículos se leen si se logra interesar al lector. Si quiere diseminar y no esconder su mensaje, diseñe su título preciso, conciso, corto, claro y atrapador.
BIBLIOGRAFIA
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