-
- Números en
línea
- Actual
- Anteriores
- Acerca de la
revista
- Información
básica
- Indizada
en
- Instrucciones
a los autores
- Editores
y Cuerpo Editorial
-
- © 2007
- Corporación Editora Médica del Valle
Universidad del Valle, Cali, Colombia, Telefax: (57-2) 558-1939
e-mail: colombiamedica@gmail.com colombiamedica@yahoo.com
|
Enfermedad inflamatoria intestinal: Situación actual de las alternativas terapéuticas
Lucrecia Suárez, M.D.*, Jorge Diego Agrimbau, M.D.*, Daniel Fuentes, M.D.*
* Servicio de Pediatría, Hospital Ramón
y Cajal, Universidad de Alcalá de Henares, Madrid,
España.
e-mail: lsuarez.hrc@salud.madrid.org jdav98@yahoo.com daniel.fuentes@mac.com
Recibido para publicación diciembre 28,
2006 Aceptado para publicación
enero 25, 2007
RESUMEN
La enfermedad inflamatoria intestinal (EII) se caracteriza por tener un
curso clínico impredecible alternando recaídas con
períodos de inactividad, una respuesta muy variable a la terapia
y la constante aparición de complicaciones diversas. Su manejo
es particularmente complejo en el niño y si bien existen
diferentes guías y recomendaciones disponibles, los ensayos
clínicos realizados en este grupo de edad son limitados y la
evidencia científica es contradictoria, por lo cual aún
no se cuenta con un consenso terapéutico aceptado
internacionalmente. Los objetivos generales del tratamiento consisten
en inducir y mantener la enfermedad en remisión el mayor tiempo
posible, conseguir un adecuado crecimiento y prevenir
posibles complicaciones. En años recientes, la aparición
de nuevas alternativas terapéuticas ha permitido darle un
enfoque más integral al manejo de estos pacientes tomando
también en consideración el estado nutricional y
psicológico además de su calidad de vida. Estos
tratamientos, si bien consiguen en muchos casos controlar la
inflamación intestinal curando las lesiones de la mucosa, no
están exentos de efectos secundarios a corto y largo plazo,
motivo por el cual es imprescindible tomar en cuenta las
características de cada paciente para poder ofrecer un
tratamiento individualizado que sea capaz de modificar la
evolución natural de la enfermedad.
Palabras clave: Enfermedad inflamatoria intestinal; Crohn; Colitis ulcerosa; Terapias; Niños.
Inflammatory bowel diseases: an update of current treatment alternatives
SUMMARY
Inflammatory bowel diseases (IBD) are characterized for having an
unpredictable clinical course with periods of inactivity alternating
with relapses, a very variable response to treatment and the constant
threat of diverse complications. Management of IBD in children may be
of particular complexity, added to the fact that published clinical
trials are limited, and scientific evidence seems contradictory,
explain in part why to current date there is no international consensus
regarding treatment in this age group. A suitable therapy should aim at
inducing and maintaining remission for as long as possible, encourage
adequate growth and preventing potential complications from appearing.
In more recent years, development of new therapeutic agents has allowed
a more integrative approach which takes in consideration other aspects
of the disease such as nutritional status, psychological welfare and
general quality of life. One must also keep in mind that none of these
therapeutic resources is exempt of side effects on short and long term
basis, consequently, it is imperative to be thoughtful of individual
features in order to make accurate clinical decisions and offer a
tailored management plan which should be able to modify the disease
evolution.
Keywords: Inflammatory bowel diseases; Crohn´s disease; Ulcerative colitis; Management; Children.
Actualmente no existe un consenso internacional acerca de cuál
es el tratamiento óptimo en la enfermedad inflamatoria
intestinal (EII) en pacientes pediátricos y existen pocos
ensayos clínicos controlados en niños aunque sí
hay acuerdo sobre la importancia de abordar el tratamiento por un
equipo de salud multidisciplinario experimentado. En cualquier caso, el
manejo de la EII es particularmente complejo en el niño, debido
a que es un organismo en crecimiento; la constante actividad
inflamatoria puede llegar a producir alteraciones del crecimiento y a
contribuir a que el niño requiera una resección
quirúrgica del intestino antes de llegar a la edad adulta,
propiciando la aparición de complicaciones severas como un
síndrome de intestino corto. El tratamiento básico de un
niño con EII consta de un detallado seguimiento clínico
que debe incluir una valoración nutricional completa, una
evaluación del contexto psicosocial y tomar todas las medidas de
precaución para evitar la aparición de complicaciones. Es
recomendable tener en cuenta que por lo general se pueden cometer
errores en el manejo de estos pacientes que son potencialmente
evitables1 (Cuadro 1).
Como la EII tiene un curso
crónico con recaídas y periodos de inactividad, el
objetivo terapéutico es mantener al paciente en una
remisión clínica e histológica completa el mayor
tiempo posible, controlar la reacción inflamatoria y
obtener la curación completa de las lesiones de la mucosa. Al
mismo tiempo es importante conseguir un crecimiento y desarrollo
adecuados, lograr una buena calidad de vida y minimizar los
eventuales efectos adversos derivados del tratamiento.
La historia natural de la EII ha propiciado el desarrollo de
herramientas clínicas que se utilizan en la toma de decisiones
en el seguimiento de estos pacientes. En el caso de la enfermedad de
Crohn (EC), el índice pediátrico de actividad (PCDAI)
cuantifica parámetros clínicos (dolor abdominal,
número y características de las deposiciones, estado
general y capacidad funcional, peso, talla, palpación abdominal,
presencia de enfermedad perirrectal y manifestaciones extradigestivas)
y biológicos (velocidad de sedimentación, albúmina
y hematócrito). La puntuación obtenida permite
clasificar la enfermedad de forma más objetiva en
moderada-grave, leve o en remisión clínica. Como en el
caso de la colitis ulcerosa (CU) aún no existe un índice
exclusivo para pacientes pediátricos, se pueden utilizar
diversos índices de colitis diseñados para adultos.
Las alternativas terapéuticas pueden dividirse en tratamiento farmacológico, nutricional y quirúrgico.
TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO
Los medicamentos utilizados desde hace décadas incluyen los
aminosalicilatos, los antibióticos y los corticoides.
Posteriormente, se han incorporado algunos inmunosupresores como
la azatioprina (AZA) ó 6-mercaptopurina (6-MP),
metotrexato (MTX), ciclosporina y tacrolimus. Desde hace
pocos años, las terapias biológicas especialmente
infliximab y ahora natalizumab y adalimubab abren
nuevas e interesantes expectativas. En determinados casos,
también se puede contemplar el uso de otros anticuerpos
monoclonales, factores anti-TNF y talidomida. Algunas técnicas
con adecuada seguridad y prometedora eficacia, como la aféresis
selectiva de granulocitos y monocitos, se han utilizado en
pacientes con EC y CU refractarias a tratamiento médico
convencional, para provocar una modulación de la respuesta
inflamatoria celular.
Aminosalicilatos. Los
más utilizados actualmente son los derivados del ácido
5-aminosalicílico (5-ASA) y mesalazina. Su principal mecanismo
de acción es la inhibición de la vía de la
lipoxigenasa en el metabolismo del ácido araquidónico por
medio de la producción del leucotrieno B4, que es un potente
factor quimiotáctico y actúa de preferencia sobre
el colon y parcialmente sobre el íleon terminal. Se pueden
usar en la etapa de inducción inicial a la remisión,
mantenimiento y recaídas tanto en EC como en CU, a pesar de
tener un modesto efecto anti-inflamatorio. Son más efectivos en
la CU que en la EC y hasta el momento actual no existen ensayos
clínicos controlados que hayan demostrado su eficacia como
terapia de mantenimiento.
En el caso concreto de la mesalazina, su efecto sobre la mucosa
intestinal parece ser más efectivo al tener contacto directo con
la zona afectada que al absorberse por vía sistémica. A
pesar de la falta de evidencia científica, existe la tendencia
generalizada de utilizar dosis altas de mesalazina (50-100
mg/kg/día).
Los efectos adversos de estos preparados pueden aparecer hasta en 40% de los pacientes.
Los adultos con EII tratados con 5-ASA tienen menor riesgo, de 30% a
50%, de desarrollar cáncer colo-rectal, por lo que su papel
activo en la terapia de mantenimiento de la EII no es tan
sólo por su pequeño efecto anti-inflamatorio sino por su
posible función anti-carcinogénica.
Corticosteroides.
Fueron los primeros fármacos que se utilizaron ampliamente
como tratamiento primario de la EII. Los más usados son la
prednisona, la metilprednisolona, (por vía oral o intravenosa) y
la budesonida, disponible por vía oral y en enemas de
acción local. Los corticosteroides sistémicos son muy
efectivos, tanto en EC como en CU, para controlar la enfermedad activa,
pues inducen la remisión en 60% a 90% de los casos, pero no son
capaces de lograr una remisión histológica.
Su empleo se debe evaluar cuidadosamente de forma individual por
sus efectos secundarios, entre los que se encuentran la
alteración del crecimiento y la osteoporosis. El uso de
corticosteroides clásicos se asocia con una mayor prevalencia de
estos efectos indeseables, que son menores con las nuevas formulaciones
del tipo de la budesonida.
Hasta 35% de los pacientes con EC pueden llegar a ser
cortico-dependientes y 20% cortico-resistentes. Parece vislumbrarse la
posibilidad de predecir la respuesta a los corticoides, pues algunos
trabajos muestran que niveles altos de bioactividad de glucocorticoide
sérico durante la fase temprana del tratamiento sugieren
respuestas de corticodependencia2.
En cualquier caso, el uso de corticoides no resuelve el problema
básico, ya que no curan la mucosa, además de sus efectos
adversos que nunca se deben menospreciar, especialmente en niños.
Antibióticos. Los
antibióticos son útiles en algunas formas clínicas
de EII. Actúan disminuyendo la concentración luminal de
las bacterias, lo que se traduce en una menor inflamación de la
mucosa, logrando modular la respuesta inmune celular. El más
utilizado es el metronidazol, pero no existen estudios al azar en
niños. La dosis recomendada es de 20 mg/kg/día y parece
ser más efectivo en la EC perianal, fistulizante y en la
pouchitis que en las presentaciones ileo-colónicas de la EC y en
la CU en general. El efecto adverso más significativo es la
neuropatía periférica que puede presentarse con la
administración prolongada hasta en un 50% de los casos, es
dosis-dependiente y se caracteriza por parestesias en las extremidades.
La mayoría de los otros efectos adversos revierten al suspender
la medicación, pero la neuropatía en ocasiones es
irreversible.
Otro antibiótico utilizado ampliamente en pacientes con EC
perianal es la ciprofloxacina. Aunque se tolera bien, su eficacia
no se ha estudiado en niños y su seguridad es cuestionable
por el riesgo potencial de producir alteraciones a nivel
articular. La dosis sugerida es de 20 mg/kg/día.
Inmunomoduladores. Las
tiopurinas AZA y su metabolito 6-MP son potentes inmunomoduladores que
se emplean en el manejo de la EII desde hace más de
30 años. Su uso ha ido en aumento y ambos tienen una seguridad y
eficacia similares. La AZA se absorbe y se convierte con rapidez
en 6-MP para sufrir una transformación intracelular en su
metabolito activo, la 6-tioguanina (6-TGN). Ambos fármacos
actúan directamente contra los linfocitos T al inducir la
apoptosis de las células T activadas.
Es posible que la administración temprana de AZA/6-MP se
asocie con una mejor evolución de la EC: mejor patrón de
crecimiento, menor número de recaídas, menores
complicaciones fistulizantes o estenóticas y menor requerimiento
de cirugía3, por lo que ya hay algunos centros que
sugieren tratar de forma rutinaria a los pacientes con EC y pancolitis
moderada/severa con nutrición enteral exclusiva y AZA desde el
momento del diagnóstico.
La dosis efectiva de AZA es de 2-3 mg/kg/día, mientras que la
dosis de 6-MP es de 1.5 mg/kg/día. Es importante realizar
controles hematológicos para detectar cambios en el volumen
corpuscular medio (VCM) y la mielosupresión que puede producirse
en 2% a 5% de pacientes, en cuyo caso debe reducirse la dosis y si
persiste suspenderla por completo. También son necesarias
pruebas funcionales hepáticas especialmente durante los primeros
meses del tratamiento.
La farmacocinética de la AZA está sujeta a una importante
variabilidad interindividual por un polimorfismo genético de la
enzima tiopurina metiltransferasa (TMPT). La actividad de esta enzima
tiene una distribución trimodal en la población
caucásica siendo alta (89%), intermedia (11%) o baja (0.3%). Los
sujetos con niveles bajos de TMPT, tienen niveles altos de 6-TGN y esto
se asocia con un menor período de latencia de la
aparición de efectos adversos como inmuno y
mielosupresión, y con toxicidad a largo plazo.
Existen dos estrategias para identificar a los pacientes con
deficiencia de TMPT, una es medir la actividad de la enzima en los
eritrocitos y la otra es determinar las diversas mutaciones presentes
en el ADN celular4.
Un estudio reciente sugiere que la incidencia de linfoma en pacientes
con EII es cuatro veces superior en los tratados con tiopurinas, pero a
pesar de esto, en general, hay acuerdo en aceptar que el balance
riesgo/beneficio apoya el uso de estas drogas en la EII.
No hay consenso en la duración del tratamiento, que siempre debe
ser a largo plazo, pues se ha demostrado que la suspensión se
asocia con recaídas.
El MTX es un fármaco efectivo en inducir y mantener la remisión en pacientes con EC sin respuesta a AZA5,
pero se utiliza mucho menos que las tiopurinas, probablemente por
su toxicidad. El metabolismo del MTX es complejo y hay estudios de
investigación farmacogenética que han
identificado diversos polimorfismos en pacientes con EII
estableciendo que podría haber una relación entre el gen
de la enzima metilenetetrahidrofolato reductasa y el riesgo de efectos
adversos6.
La ciclosporina en la actualidad tiene un uso restringido y se
indica en pacientes con EII refractaria al tratamiento convencional de
primera línea con nutrición enteral, esteroides, 5-ASA y
aquellos que no han respondido al tratamiento con AZA/ 6-MP. Parece ser
más efectiva en la CU que en la EC, especialmente para cerrar
fístulas refractarias. Una de sus principales indicaciones es
evitar una colectomía urgente en enfermos con CU
refractaria severa, aunque en la mayoría de los casos
sólo sirva para retrasar la cirugía7. Este
fármaco tiene una alta efectividad para inducir la
remisión dentro de las 2-3 primeras semanas de tratamiento, pero
deben monitorizarse los niveles séricos porque posee un estrecho
rango terapéutico y los efectos adversos son frecuentes, siendo
el principal la nefrotoxicidad. También puede ser
hepatotóxica, aunque por lo general la colestasis revierte al
suspender la medicación.
El tacrolimus es un antibiótico macrólido aislado del
hongo Streptomyces tsukubaensis que inhibe la actividad de la fosfatasa
de la calcineurina e impide la generación del factor nuclear de
las células T activadas (NF-AT), una proteína que inicia
la transcripción de los genes de citocinas pro-inflamatorias. Se
puede emplear en ambas formas de la EII. Su principal indicación
es la EC perianal o fistulizante refractaria a tratamiento convencional
con esteroides, antibióticos o AZA/6-MP, donde se emplea en
forma tópica. En la CU resistente a corticoides, el tacrolimus
por vía oral puede ser una alternativa a la ciclosporina IV. Su
efecto indeseable más común es la nefrotoxicidad. Existe
escasa experiencia sobre su eficacia tanto en niños como en
adultos por lo cual no se recomienda su uso rutinario.
Terapias biológicas. Existen nuevas moléculas que están actualmente en fase de investigación. Se pueden agrupar en tres tipos8:
. Inhibidores de citoquinas inflamatorias: Anticuerpos anti-TNFa: infliximab, adalimubab, CDP870.
. Citoquinas anti-inflamatorias: IL-10, IL-11.
. Inhibición selectiva de moléculas de adhesión: Anti-adhesinas leucocitarias: natalizumab.
En el momento actual, las estrategias anti-factor alfa de necrosis tumoral (TNFalfa),
una citoquina que juega un papel importante en el mecanismo de
inflamación tisular de la EII, son las más esperanzadoras
y se puede afirmar que la introducción del infliximab ha
cambiado el manejo de la EII. Este anticuerpo monoclonal humano
quimérico anti-TNFalfa se ha utilizado inicialmente en el
tratamiento de EC que no respondía a la terapéutica
convencional. Luego demostró ser efectivo en la forma
fistulizante y en las manifestaciones asociadas con la EC como pioderma
gangrenoso, artritis, sacroileítis, epiescleritis,
uveítis y también en la variante corticodependiente. Hace
poco se aprobó su uso en pacientes con CU moderada a severa y en
las manifestaciones extraintestinales de esta enfermedad.
Hasta ahora la práctica habitual en la edad pediátrica es
comenzar con terapias biológicas en los casos donde haya
fracasado la respuesta al tratamiento convencional9, pero
cada día se plantea con más fuerza la posibilidad de usar
esta droga como primera línea de tratamiento. Tiene una alta
efectividad para inducir la remisión tanto clínica como
histológica, que suele conseguirse después de dos
infusiones intravenosas entre 75% y 95% de los enfermos.
Existe evidencia reciente que sugiere que los niños con EC de
corta evolución responden de modo significativo mejor al
infliximab que aquellos con larga evolución, por lo que un
manejo con terapias biológicas en estadíos tempranos
sería la clave para tratar la EII y modificar su historia
natural. Existe una tendencia a invertir las etapas del tratamiento10,
usando como primera alternativa los medicamentos nuevos y complejos,
que hasta ahora se reservan para los casos de mala evolución. Es
posible, que en breve se use infliximab para tratar desde el momento
del diagnóstico y conseguir así una remisión
rápida y un mejor control de la actividad inflamatoria.
Infliximab, como terapia de primera elección en la EC, ha
demostrado mejorar la tasa de recaídas, y los puntajes
endoscópicos y PCDAI11.
Las terapias biológicas en pacientes diagnosticados sin tratamiento previo evitan el uso de corticosteroides12,
producen curación de la mucosa y mejoran el crecimiento con
adecuada masa ósea. Los niños con EC llegarían a
la adultez con menos secuelas.
El esquema preferido de administración de infliximab como
terapia de inducción es utilizar una dosis de 3 infusiones IV de
5 mg/kg en las semanas 0, 2 y 6. Las tasas de respuesta son mejores si
además se tratan con AZA o MTX desde el inicio. Para un mejor
rendimiento a largo plazo y evitar recaídas, se puede
repetir la infusión cada 8 semanas. Esta terapia de
mantenimiento logra disminuir la tasa de complicaciones,
hospitalizaciones y cirugías13.
Casi todas las reacciones adversas severas aparecen con mayor
probabilidad a partir de la segunda infusión y abarcan desde
reacciones locales relacionadas con la infusión hasta reacciones
sistémicas de hipersensibilidad y complicaciones infecciosas que
pueden presentarse de 5% a 30% de los pacientes. Para prevenir los
efectos adversos, antes de iniciar la infusión se pueden
administrar en forma concomitante terapia inmunosupresora, para evitar
la formación de anticuerpos anti-infliximab, y profilaxis con
hidrocortisona.
Aunque el perfil de seguridad es bueno, puede tener efectos adversos
como el aumento de infecciones oportunistas y tuberculosis. No se
conoce el riesgo de linfoma, especialmente linfoma
hepatoesplénico de células T, en pacientes tratados
al mismo tiempo con AZA y siempre es importante monitorizar el
tratamiento para obtener un equilibrio entre la supresión
de la respuesta inmune y la inflamación intestinal, y el riesgo
de infecciones y neoplasias.
Adalimubab, anticuerpo humano, ha demostrado ser efectivo en la
inducción y para mantener la remisión. Es una buena
alternativa en pacientes sin respuesta a infliximab. Tiene un
perfil de inmunogenicidad más reducido y la ventaja que se
administra por vía subcutánea.
Queda pendiente definir cuál es el momento oportuno para usar
las terapias biológicas y cuáles son las mejores
asociaciones. Se necesitan estudios prospectivos y controlados, para
evaluar la oncogenicidad y las complicaciones a largo plazo.
TRATAMIENTO NUTRICIONAL
Dentro del tratamiento nutricional es importante contemplar dos situaciones bien diferentes:
1. Tratamiento nutricional como alternativa de tratamiento primario para inducir la remisión de la actividad en la EC.
2. Soporte nutricional complementario al tratamiento con medicamentos o
cirugía para prevenir o corregir la malnutrición que con
frecuencia se asocia con la EII por múltiples causas,
especialmente en la EC y que tiene especial importancia en el
niño en edad pre-puberal porque puede traducirse en una
alteración importante del crecimiento y desarrollo. Las
principales metas terapéuticas del soporte nutricional incluyen
la corrección de las deficiencias de micro y macronutrientes,
suministrar las calorías y proteínas adecuadas para
mantener un balance nitrogenado positivo y promover así la
cicatrización de la mucosa, la recuperación del
crecimiento y la maduración sexual normal.
Respecto al tratamiento nutricional como alternativa primaria, en los
últimos 20 años ha habido numerosos estudios que
demostraron que la nutrición enteral con distintas dietas
líquidas elementales, semielementales y poliméricas, era
efectiva para alcanzar la remisión en la EC, siendo esto
más evidente en niños que en adultos. Además, el
éxito de la terapia nutricional en la EC varía
según la localización intestinal afectada, siendo
más efectiva cuando las alteraciones se sitúan en el
intestino delgado y en la región ileocolónica y menor en
los casos de compromiso aislado del colon14.
Con una selección cuidadosa del paciente, el tratamiento
nutricional primario con alimentación exclusiva, y una
fórmula polimérica durante 6-8 semanas, es tan efectivo
como los esteroides para inducir a la remisión, con la ventaja
de carecer de efectos adversos15. Además, no
sólo mejoran los parámetros clínicos y
analíticos sino que se consigue la curación de la mucosa
intestinal a nivel endoscópico e histológico.
Todo parece indicar que el mecanismo de acción es el reposo
intestinal junto con la adaptación intestinal y la
modulación inmunológica, pues se ha demostrado una
disminución de los niveles séricos de IL-6 y TNFalfa.
Otros posibles mecanismos de reducción de la inflamación
y curación de la mucosa son un potencial efecto sobre la
microflora intestinal, el perfil lipídico de la dieta
líquida y la acción de otros componentes como TGFalfa que
está presente en algunos alimentos utilizados16.
No todos los pacientes son candidatos idóneos para recibir
nutrición enteral exclusiva y hay factores que se deben
tener en cuenta antes de intentar utilizar esta alternativa para
inducir la remisión inicial en la EC. Los factores que favorecen
el éxito del tratamiento se describen en el Cuadro 2.
TRATAMIENTO QUIRÚRGICO
En la CU, la cirugía es curativa, aunque amputante, y se debe
recurrir a ella de forma electiva cuando no sea posible lograr
remisiones estables ni una adecuada calidad de vida con el tratamiento
médico. La técnica quirúrgica de elección
en el momento actual es la proctocolectomía y anastomosis
íleo-rectal baja con reservorio, que permite en general un
buen control de los síntomas relacionados con la CU, una
continencia anal satisfactoria y evita el trauma de la
ileostomía definitiva.
En la EC, la cirugía nunca es una solución definitiva y
se debe reservar únicamente para las situaciones
refractarias al tratamiento médico. El principal objetivo
quirúrgico es conservar en lo posible la mayor longitud
intestinal17. Las indicaciones de cirugía incluyen
enfermedad fibroestenosante, fístulas internas
sintomáticas, enfermedad segmentaria no controlada rebelde a
tratamiento médico, hemorragia, megacolon tóxico y
perforación18. El retraso del crecimiento puede ser
una indicación en ocasiones, sobre todo si el segmento
intestinal comprometido es corto. Si el compromiso es extenso, la
resección puede empeorar aún más el
pronóstico de talla. Las estenosis severas se pueden resolver
con éxito mediante la estricturoplastia, técnica no
amputante, que permite evitar las complicaciones mecánicas sin
acortar el intestino. En general, el tratamiento quirúrgico no
resuelve el problema en la EC, porque se deberán reintervenir
60% de los pacientes operados. El riesgo de intervenciones
quirúrgicas repetidas es desarrollar un intestino corto que
termine llevando al paciente al transplante intestinal.
REFERENCIAS
1. Bousvaros A. Common errors in the management of children with IBD. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43 (Suppl 2): 16-17.
2. Vihinen MK, Raivio T, Jänne OA, Kolho KL. High circulating
glucocorticoid bioactivity predicts steroid-dependent disease in
children with IBD. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43 (Suppl
2): 11.
3. Fuentes D, Torrente F, Keady S, Thirrupathy K, Thomson MA,
Walker-Smith JA, et al. High-dose azathioprine in children with
inflammatory bowel disease. Aliment Pharmacol Ther 2003; 17: 913-921. Abstract
4. Cuffari C, Darbari A. Inflammatory bowel disease in the pediatric
and adolescent patient. Gastroenterol Clin North Am 2002; 31: 275-291. Abstract
5. Rogers P, Tybulewicz AT, Pieterse L, Hoole D, Gillett PM, Satsangi,
J, et al. Use of methotrexate to induce and maintain remission in
Crohn’s disease: a regional cohort study. J Pediatr Gastroenterol
Nutr 2006; 43 (Suppl 2): 26.
6. Herrlinger KR, Cummings JR, Barnardo MC, Schwab M, Ahmad T, Jewell
DP. The pharmacogenetics of methotrexate in inflammatory bowel disease.
Pharmacogenet Genomics 2005; 15: 705-711. Abstract
7. Escher JC, Taminiau JA, Nieuwenhuis EE, Buller HA, Grand RJ.
Treatment of inflammatory bowel disease in childhood: best available
evidence. Inflamm Bowel Dis 2003; 9: 34-58. Abstract
8. Cucchiara S. An historical overview of the treatment of IBD: Why do
we need biological therapies. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43
(Suppl 2): 33.
9. Cezard JP, Nouaili N, Talbotec C, Hugot JP, Gobert JG, Schmitz J, et
al. A prospective study of the efficacy and tolerance of a chimeric
antibody to tumor necrosis factors (remicade) in severe pediatric
Crohn’s disease. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2003; 36: 632-636.
10. Grand R. Inverting the therapeutic triangle. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2005; 40 (Suppl): 50-52.
11. Baldassano R. Changing the therapeutic pyramid: Can we alter the
natural course of pediatric IBD? J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43
(Suppl 2): 36.
12. Hyams JS, Markowitz JF. Can we alter the natural history of
Crohn’s disease in children? J Pediatr Gastroenterol Nutr 2005;
40: 262-272.
13. Vermeire S. Optimizing anti-TNFa therapy in IBD. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43 (Suppl 2): 35-36.
14. Knight C, El-Matary W, Spray C, Sandhu BK. Long-term outcome of
nutritional therapy in paediatric Crohn’s disease. Clin Nutr
2005; 24: 775-779. Full text
15. Heuschkel RB, Menache CC, Megerian JT, Baird AE. Enteral nutrition
and corticosteroids in the treatment of acute Crohn’s disease in
children. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2000; 31: 8-15.
16. Fell J. Nutrutional therapy in Crohn’s disease: is it truly
usefull for inducing remission? J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43
(Suppl 2): 25-26.
17. Rintala R. Controversial surgical issues in paediatric IBD. J Pediatr Gastroenterol Nutr 2006; 43 (Suppl 2): 27-28.
18. Desir B, Seidman EG. Transitioning the paediatric IBD patient to
adult care. Best Pract Res Clin Gastroenterol 2003; 17: 197-212. Abstract
|