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Nutrición en el niño cardiópata
Carlos Alberto Velasco, M.D.*
* Profesor Titular, Universidad del Valle. Docente investigador,
Universidad Libre Seccional Cali. Docente Universidad Autónoma
de Occidente. Director Grupo de Investigación GASTROHNUP, Cali, Colombia. e-mail: cvelasco@univalle.edu.co
Recibido para
publicación diciembre 28, 2006
Aceptado para publicación enero 25, 2007
RESUMEN
La clasificación de las enfermedades cardíacas
pediátrica, en congénitas y adquiridas, restrictivas y no
restrictivas, en cianóticas y no cianóticas,
quirúrgicas y no quirúrgicas y agudas y crónicas,
ha sido útil para determinar el impacto en el estado nutricional
de los niños. El manejo nutricional del niño con
cardiopatía congénita es complejo, debido a la
restricción hídrica, a los elevados requerimientos
calóricos y a la prevalencia de intolerancia a los alimentos. A
pesar de esto, un estrecho seguimiento y muchos métodos de
alimentación son esenciales para obtener unos óptimos
resultados médicos, nutricionales y psicosociales.
Palabras clave: Enfermedad cardíaca; Nutrición; Niños.
Nutrition in congenital heart disease
SUMMARY
Pediatric heart disease classification, in congenital and acquired,
restrictive and non-restrictive, cyanotic and non-cyanotic, surgical
and non-surgical and acute and chronic, is useful to determine its
impact on child’s nutritional status. The nutritional management
of CHD children is changing, due to liquid restriction high calorie
requirements and high prevalence of food intolerance. Despite this, a
close follow-up and several creative feeding methods, are essential to
obtain optimal medical, nutritional and psychosocial results.
Keywords: Heart disease; Nutrition; Children.
La clasificación de las enfermedades cardíacas
pediátricas, en congénitas o adquiridas, en restrictivas
o no restrictivas, en cianóticas o acianóticas, en
quirúrgicas o no quirúrgicas, y en agudas o
crónicas, entre otras, permite determinar el impacto sobre el
estado nutricional del niño que las presenta (Cuadro 1)1,2.
ETIOLOGÍA
Son múltiples los factores de riesgo nutricional para que el niño cardiópata presente falla para crecer (Cuadro 2)3.
FISIOPATOLOGÍA
Algunos comentarios se relacionan directamente con los factores de
riesgo nutricional en el niño cardiópata: se
podría decir que tanto la taquipnea como la taquicardia, pueden
de modo significativo incrementar las demandas metabólicas; que
en los niños de las Unidades de Cuidados Intensivos
Pediátricos, la disminución del ingreso energético
es secundario a su intubación; que la anoxia y congestión
venosa del intestino e hígado, con frecuencia se presenta en
niños con falla cardíaca derecha; que la
enteropatía perdedora de proteínas está presente
luego del procedimiento de Fontan; que las pérdidas renales de
electrólitos, son secundarias al uso de diuréticos; y que
la disminución de la capacidad gástrica, da como
consecuencia, una disminución en el volumen de alimentos por
ingerir3. Debido a la neta disminución del consumo de
oxígeno en los niños con insuficiencia cardíaca,
toman importancia tanto la acidosis secundaria como el sufrimiento
celular4. La reducción en la perfusión
sistémica, sobre todo en la circulación esplácnica
e intestinal, puede limitar el vaciamiento gástrico, la
motilidad intestinal y el aprovechamiento de los nutrientes2.
Cianosis. En general,
el niño cardiópata cianótico, compromete tanto el
peso como la talla, mientras que el niño cardiópata sin
cianosis, afecta más el peso que la talla. Asimismo,
según la severidad de la hipoxemia asociada con la cianosis, hay
variaciones en el grado de retardo en la maduración
esquelética3. En general, se entiende, que el ingreso
de nutrientes se ve afectado por la fatiga durante la
alimentación, secundaria a la hipoxemia2.
Cirugía. En
algunas oportunidades, la solución de la cardiopatía que
padece el niño, es quirúrgica, y en estas ocasiones, se
requieren intervenciones escalonadas, lo que coloca en riesgo al
niño en falla para crecer, según los intervalos entre
cada cirugía3. De allí la importancia de poner
en marcha una asistencia nutricional oportuna que impedirá la
morbilidad postquirúrgica como infecciones, dificultades en la
extubación, cicatrización, etc.4
Enteropatía perdedora de proteínas (EPP) secundaria a
cirugía de Fontan. Una de las complicaciones que acompaña
a la cirugía de Fontan, es la EPP como albúmina y de
otros nutrientes como transferrina, ceruloplasmina, fibrinógeno,
lipoproteínas, alfa-1-antitripsina, grasas, minerales, calcio y
hierro, entre otros; en la EPP secundaria a la interrupción del
flujo linfático y venoso, el niño se presenta con edema,
ascitis, hipoproteinemia y/o linfopenia; y las pérdidas fecales
de alfa-1-antitripsina corroboran el diagnóstico. La dieta
incluye una dieta hiperproteica, triglicéridos de cadena media,
calcio y vitaminas liposolubles3.
DIAGNÓSTICO
La historia clínica se debe enfocar en conocer el tipo de
lesión, la edad del diagnóstico, las medicaciones
utilizadas (Cuadro 3)5, la
capacidad de ser alimentado por vía oral, el tiempo de
duración de la alimentación, y la presencia de
síntomas agregados durante la alimentación, como
diaforesis, entre otras3; así como dirigir una
encuesta dietaria por recordatorio de 24 horas, si es el caso, a los
padres o tutores que alimentan al niño, con la idea de realizar
una anamnesis desde el punto de vista nutricional (Cuadro 4)6.
La valoración del estado nutricional antropométrico, debe
incluir la toma del peso, la talla y el perímetro
cefálico, mediante los cuadros del National Center for Health
Statistics (NCHS) de los Estados Unidos o los cuadros del Eurogrowth de
la Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y
Nutrición Pediátrica (ESPGHAN), para definir excesos o
deficiencias en cuanto se refiere al peso para la edad, la talla para
la edad, el peso para la talla, el perímetro para la edad y la
talla y el índice de masa corporal (IMC)7, sin
olvidar, en algunos niños, utilizar los cuadros especiales, como
en el caso de entidades que con frecuencia acompañan las
cardiopatías congénitas como las cromosomopatías
del tipo síndrome de Down o el síndrome de Turner, etc.2
Toman igualmente importancia, sobre todo en los niños que se van
a llevar a cirugía, las medidas antropométricas para
evaluar el crecimiento como el puntaje zeta, la circunferencia braquial
y del triceps2 (Cuadro 4)6.
En el examen físico hay que buscar la presencia de dedos en
palillo de tambor, edema, cianosis, palidez y tomar la frecuencia
respiratoria y saturación de oxígeno, al igual que la
capacidad para coordinar la succión, deglución y
respiración, inclusive cuando se alimenta3;
así como la búsqueda de signos que permitan determinar
clínicamente el grado de desnutrición del niño,
según la gravedad para clasificarlo como marasmático o
kwashiorkor (Cuadro 4)6.
Paraclínicos. Son
importantes además de los laboratorios mínimos para
evaluar el estado nutricional desde el punto de vista
bioquímico, hacer énfasis en la albúmina y en los
electrólitos séricos como calcio, magnesio, y
fósforo y en los urinarios como sodio, potasio y cloro, cuando
el niño recibe diuréticos3; al igual que un
cuadro hemático completo, las pruebas de funcionamiento
metabólico, y otras específicas dependientes del
déficit nutricional identificado (Cuadro 4)6.
MANEJO
Restricciones hídricas.
Es posible que en las formas graves de tipo agudo e incluso en algunas
cardiopatías crónicas, sean necesarias reducciones
hídricas, hecho sinónimo de restricción
calórica4,8, por cuyo motivo, estrategias como el
incremento de la densidad calórica bien sea al aumentar la
concentración de la fórmula infantil con el mismo polvo,
o agregarle módulos de carbohidratos o de grasas, se convierten
en una estrategia nutricional para ofrecer, junto con el empleo de
diuréticos para evitar las sobrecargas hídricas, y buscar
que por lo pronto 1 ml ofrezca como mínimo 1 kilocaloría
(1 onza = 30 kilocalorías), con las precauciones de la
sobrecarga renal de solutos y el riesgo de deshidratación y
disfunción renal, sobre todo si reciben diuréticos2.
Ante un lactante que gane más de 50 g/día de peso, se
debe sospechar que se puede encontrar retención de
líquidos2.
Restricciones sódicas. En
general estas restricciones en las cardiopatías crónicas
no son necesarias; pero sí en las cardiopatías agudas4, donde se debe tener en cuenta el uso de fórmulas infantiles de iniciación, que son pobres en sodio.
Manejo nutricional.
Los niños con problemas cardíacos requieren
calorías adicionales, por ejemplo, en un lactante deben estar
por encima de 150 kcal/kg/d y en un niño mayor, deben ser
superiores a 2,500 kcal/m2/d. Ello y según
evaluación del estado nutricional y clínico del
niño, mediante la vía enteral, parenteral o ambas; o
incluso con la posibilidad de ubicar una gastrostomía9.
Todo esto implica una estricta monitorización para evitar
excesos o defectos; en países desarrollados se tienen buenas
experiencias con el monitoreo por medio del coeficiente respiratorio10 medido por calorimetría indirecta11,12.
Las recomendaciones para el soporte nutricional de un niño con
una cardiopatía congénita se resumen en el Cuadro 55.
Nutrición enteral.
Sigue siendo válido, que mientras el tubo digestivo esté
indenme, ésta sea la primera vía que se ha de utilizar
para realimentar estos niños13. Entre los objetivos
de implementar una nutrición enteral temprana, se encuentran:
prevenir y evitar la pérdida de masa corporal; fortalecer la
respuesta inmune; disminuir y mejorar la retención nitrogenada;
conservar la función y la integridad intestinal para evitar y
prevenir el sobrecrecimiento bacteriano y así proporcionar un
suplemento adecuado de nutrientes a la mucosa digestiva, y atenuar la
acidez gástrica con el fin de disminuir el riesgo de
úlceras por estrés14-17. Hay algunas circunstancias en el niño cardiópata que impiden la utilización de esta vía (Cuadro 6)3.
La succión o el paso de sondas naso u orogástricas o
yeyunales, o incluso el empleo de gastrostomías parciales o
totales9, se convierten en alternativas que se deben tener presentes2,
lo que ha permitido ofrecer diversas formas de ostomías, de
acuerdo con el momento, el tiempo de permanencia y las condiciones en
las que se van a establecer (Cuadro 7)18,19.
Con respecto al tipo de fórmula infantil, hay que tener
precauciones ante el riesgo que estos niños presenten
enterocolitis necrosante o sufrimiento intestinal agudo, por lo que es
posible que se indiquen2 las fórmulas semielementales
con hidrolizados de proteínas (lactoalbúmina o
caseína), incluso cuando se ha decidido poner una sonda de
alimentación hacia dudodeno/yeyuno/ileón (Cuadro 8)20.
En general, la osmolaridad de estas fórmulas infantiles para uso
enteral, oscila entre 300 y 650 mOsm/l: se debe anotar, que los
niños presentan síntomas de intolerancia cuando la
osmolaridad está por encima de 600 mOsm/l, e incluso hay retardo
en el vaciamiento gástrico cuando la osmolaridad duodenal de
estas fórmulas es superior a 560 mOsm/l. La densidad
calórica de estas fórmulas infantiles está entre 1
y 2 kcal /ml20.
Ya que en general, estas soluciones se pueden convertir en verdaderos
cultivos bacterianos, se hace imperiosa la necesidad de ofrecer su
adecuada manipulación21.
Nutrición parenteral. Bien sea de manera parcial, o en algunas ocasiones total, o en casa, con sus posibles complicaciones22-24, se debe usar la nutrición parenteral, preferiblemente con soluciones estándar25,
sobre todo en circunstancias agudas o en pre o postoperatorios, donde
la vía oral está interrumpida o el niño es incapaz
de recibir por vía enteral los nutrientes necesarios para su
crecimiento y desarrollo2,13,26 (Cuadro 9)27-29.
CONCLUSIÓN
El manejo nutricional de niños con cardiopatías es
cambiante, debido a las restricciones hídricas, a los elevados
requerimientos calóricos y a una alta prevalencia de
intolerancia a los alimentos. A pesar de ello, un estrecho seguimiento,
y múltiples métodos creativos de alimentación, son
esenciales para obtener resultados médicos, nutricionales y
psicosociales óptimos.
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