Síndrome metabólico: definición, historia, criterios
Carlos Andrés Pineda, MD1
«Prediction is very difficult, especially about the future». Niels Bohr
* Profesor Auxiliar, Departamento de Medicina
Familiar, Facultad de Salud, Universidad del Valle y Universidad
Santiago de Cali, Cali, Colombia. e-mail: capineda1@gmail.com
Recibido para publicación enero 18, 2007 Aceptado para publicación enero 31, 2008
RESUMEN
El síndrome metabólico es un conjunto de factores de
riesgo para diabetes mellitus tipo 2 (DM2) y enfermedad cardiovascular,
caracterizado por la presencia de resistencia a la insulina e
hiperinsulinismo compensador asociados con trastornos del metabolismo
de los carbohidratos y lípidos, cifras elevadas de
presión arterial, y obesidad. Se hizo una revisión en
Medline que arrojó 6,366 entradas para síndrome
metabólico. Desde principios del siglo XX se describieron
asociaciones de factores de riesgo. En 1988, Reaven observó que
varios factores de riesgo (dislipidemia, hipertensión,
hiperglicemia) tendían a estar juntos. Este conjunto lo
llamó síndrome X. El término síndrome
metabólico como entidad diagnóstica con criterios
definidos fue introducida por la OMS en 1998. La prevalencia del
síndrome metabólico varía según factores
como género, edad, etnia, pero se ubica entre 15% y 40%; es
mayor en la población de origen hispano. Existen varios
criterios para el diagnóstico de síndrome
metabólico. El más conocido es del ATP III, donde se
deben cumplir 3 ó más de los siguientes: perímetro
abdominal elevado (>102 cm en hombres y >88 cm en mujeres), TG
>150 mg/dl, HDL bajo (hombres <40 mg/dl y mujeres HDL <50
mg/dl), TA >130/85 mm Hg, glicemia >110 mg/dl incluyendo diabetes
mellitus. Se consideran otros factores como trombogénesis,
inflamación, ácido úrico, estrés,
cigarrillo, sedentarismo, edad, origen étnico, acantosis
nigricans, síndrome de ovario poliquístico,
microalbuminuria, hipotiroidismo primario, uso de inhibidores de
proteasa para pacientes con VIH, exceso de glucocorticoides
endógeno o exógeno.
Palabras clave: Síndrome metabólico; Resistencia a la insulina; Dislipidemia; Obesidad; Hiperglucemia.
Metabolic syndrome: definition, history, criterion
SUMMARY
The metabolic syndrome is a set of risk factors for diabetes mellitus
type 2 and cardiovascular disease, characterized by the presence of
resistance to the insulin and compensating hiperinsulinemia associate
to alterations of the metabolism of carbohydrates and lipids, elevated
arterial blood pressure, and obesity. A revision in Medline was made,
and gave as a result 6366 entrances for «metabolic
syndrome». In the beginnings of the XX century, associations of
risk factors were described. In 1988, Reaven observed that several risk
factors (dislipidemia, hypertension, hyperglicemia) tended to be
together. This set was named syndrome X. The name metabolic syndrome
like diagnostic entity with defined criteria was introduced by the WHO
in 1998. The prevalence of the metabolic syndrome varies according to
some factors such as gender, age, ethnic group, but it is located
between 15% to a 40%, being greater in the population of Hispanic
origin. Several criteria for the metabolic syndrome diagnosis exist.
The most known it is of ATP III, in this case, three factors must be
present: high abdominal perimeter (>102 cm in men and >88 cm in
women), TG >150 mg/dl, HDL under (men >40 mg/dl y women HDL >0
mg/dl), TA >130/85 mm Hg, glycemia >110 mg/dl including diabetes
mellitus.Other factors also considered are: thrombogenesis,
inflammation, uric acid, stress, cigarette, sedentariness, age, ethnic
origin, acantosis nigricans, polycystic ovary syndrome,
microalbuminuria, primary hypothyroidism, use of protease inhibitors
for patients with HIV, endogenous or exogenous excess of
glucocorticoids.
Keywords: Metabolic syndrome; Insuline resistence; Dislypidemia; Obesity; Hyperglycemic.
El síndrome metabólico (SM) es un tema actual y de debate
en la comunidad médica, y su enfoque es esencial, pues se
relaciona con las enfermedades que causan mayor mortalidad a nivel
mundial, y su incidencia va en aumento. Este es el primero de tres
artículos y tratará sobre la historia, la
definición y los criterios del SM.
Uno de los grandes problemas que enfrenta actualmente la humanidad, es
el hecho de que la evolución biológica no va a la par con
la evolución cultural. La maquinaria biológica
(estructura tisular-orgánica-corporal, procesos
metabólicos, etc.) es la misma de los antecesores de hace miles
de miles de años. Pero las costumbres y estilos de vida cambian
vertiginosamente. Así, los antepasados debían buscar la
comida mediante caza, pesca y recolección, muchas veces en
difíciles situaciones ambientales y climáticas, por lo
que comían en abundancia una vez, y después podían
pasar varios días sin obtener alimento, además de
considerar todo el gasto energético que implicaba su
consecución. Posteriormente el hombre se hizo agricultor, con lo
que los pueblos se pudieron asentar en una región determinada.
Con los siglos, las ocupaciones manuales y de alta actividad
física disminuyeron, a favor de profesiones y oficios de mayor
actividad intelectual, pero por ende más sedentarios.
Simultáneamente la disponibilidad de alimentos es cada vez mayor
para buena parte de la población y casi sin ningún
esfuerzo físico. En la época actual no es extraño,
utilizar un vehículo para llegar a un sitio que concentra en un
área pequeña todo lo que se necesita para la
supervivencia -léase centro comercial-, lo cual obviamente era
impensable para los antepasados. También se debe considerar que
el tiempo es un recurso cada vez más escaso, y por tanto, el
tiempo que se dedica a preparar los alimentos es más exiguo, y
así se origina un alud de alimentos rápidos con alto
contenido calórico
1.
Y todo esto con la misma maquinaria enzimática-metabólica
de los homínidos antecesores que debían ir a cazar el
mamut, llevarlo por largas distancias hasta sus asentamientos,
cocinarlo, comer y después migrar a otra región donde
hubiera comida.
Las consecuencias de lo anteriormente descrito se ven en las
enfermedades que mayor carga de morbi-mortalidad producen en el mundo
entero.
De las estadísticas de causas de mortalidad del DANE
2
se puede concluir que cada vez es más alta la mortalidad por
causas relacionadas con la enfermedad cardio-cerebrovascular y la
diabetes, todas relacionadas con disfunción endotelial y
aterosclerosis. Al mismo tiempo disminuyen tanto el peso de las causas
externas (homicidios, accidentes y suicidios) como las enfermedades
infecciosas (Gráfica 1).
HISTORIA
Cuando se inició la transición epidemiológica y
principalmente a partir de los primeros hallazgos sobre los estudios de
población de Framingham
3, se ha puesto mucho
interés a los factores de riesgo para los eventos
cardiovasculares. Desde un principio se evidenció la existencia
de múltiples factores de riesgo que podían coexistir
4.
Pero mucho antes se pueden encontrar informes históricos. En
1761 se publicó «De Sedibus et Causis Morborum per
Anatomen Indagatis», donde se describieron las bases
anatómicas de muchas enfermedades; aquí Morgani
5 identificó la asociación entre obesidad intraabdominal, metabolismo anormal y aterosclerosis extensiva.
En 1923 Kylin
6 describe la presencia de hipertensión, hiperglicemia y gota. En 1947, Vague
6 informa que la obesidad corporal superior se asocia con ciertas anormalidades metabólicas. En 1963 Reaven et al.
6
describieron en pacientes no diabéticos con infarto de miocardio
previo, mayores glicemias basales, tolerancia a la glucosa alte-rada e
hipertrigliceridemia comparados con controles. Otras investigaciones
7 encontraron como defecto común en estas anormalidades la resistencia a la insulina y la hiperinsulinemia compensatoria.
En 1988, Reaven et al.
8 observó que varios factores
de riesgo (dislipidemia, hipertensión, hiperglicemia)
tendían a estar juntos. A este conjunto lo llamó
síndrome X, y lo reconoció como factor de riesgo
múltiple para la enfermedad cardiovascular. Reaven y otros
postularon posteriormente que la resistencia de insulina es la base del
síndrome X (por tanto el síndrome también se ha
denominado como síndrome de resistencia de insulina).
En 1998 la OMS introdujo el término síndrome
metabólico como entidad diagnóstica con criterios
definidos
9. El ATP III usó este término en su
informe de 2001, y se convirtió en la definición
más utilizada
10.
DEFINICIONES
El SM es un conjunto de factores de riesgo para diabetes mellitus tipo
2 (DM2) y enfermedad cardiovascular (ECV), caracterizado por la
presencia de resistencia a la insulina e hiperinsulinismo compensador
asociados con trastornos del metabolismo de los carbohidratos y
lípidos, cifras elevadas de presión arterial (PA) y
obesidad
11,12.
Como se discutirá más adelante, la existencia del SM como
entidad nosológica aislada es materia de controversia,
según la etiología común del síndrome, pero
la mayor evidencia habla del papel central de la resistencia a la
insulina (RI)
13,14.
Muchas organizaciones han propuesto criterios para el diagnóstico del SM, como aparece en el Cuadro 1.
El primer esfuerzo por introducir el SM a la práctica
clínica lo hizo en 1998 el grupo de la Organización
Mundial de la Salud (OMS)
9. Este grupo enfatizó el
papel central de la RI, que es difícil de medir en la
práctica diaria, pero aceptó evidencias indirectas, como
la alteración de la glucosa en ayunas y tras carga y la DM2.
Entonces según los criterios de la OMS, para diagnosticar el SM,
el paciente debe mostrar marcadores de RI, más dos factores de
riesgo adicional, que incluyen obesidad {medida por índice de
masa corporal (IMC) y/o relación cintura-cadera},
hipertensión, hipertrigliceridemia, nivel de colesterol HDL bajo
y microalbuminuria.
En 1999 el European Group for Study of Insulin Resistance (EGIR) propuso sus propios criterios
14.
Este grupo empleó el término síndrome de
resistencia a la insulina, más que el de SM, e introduce como
necesaria la demostración de la RI, con medición de
niveles plasmáticos de insulina mayores al percentil 75, junto
con otros dos factores, que incluyen obesidad central medida por
perímetro abdominal, hipertensión, hipertrigliceridemia
y/o HDL bajo, y estados de prediabetes {alteración de la glucosa
en ayunas (AGA) y/o intolerancia a los carbohidratos (IC)}. Una
diferencia importante con el grupo de la OMS, es que excluyen a los
pacientes con DM2.
En 2001 el National Cholesterol Education Program (NCEP) Adult Treatment Panel III (ATP III)
10,
introdujo sus propios criterios para diagnosticar el SM. El panel no
hizo necesaria la demostración directa de la RI, ni
obligó la presencia de un factor único para el
diagnóstico como los anteriores. Pero en su lugar,
estableció la presencia de 3 de 5 factores, que incluían
obesidad abdominal medida por perímetro abdominal,
hipertrigliceridemia, HDL bajo, PA elevada >130/85 mm Hg (no
necesariamente en rango de HTA) y glicemia elevada, incluyendo DM. En
la definición original del 2001, el punto de corte de la
glicemia para ser criterio de SM era de 110 mg/dl (6.1 mmol/l), pero en
2004 con la actualización de la American Diabetes Association se
modificó a 100 mg/dl (5.6 mmol/l)
13.
En 2003 la American Association of Clinical Endocrinologists (AACE)
modificó los criterios del ATP III, para rescatar el papel
central de la RI, y de nuevo denominó al síndrome como
síndrome de resistencia a la insulina, como el EGIR
14.
En su propuesta se volvió al criterio necesario de la RI
manifestado por AGA o IC más cualquiera de varios factores
según criterio clínico, es decir, que no se daba un
mínimo de criterios por cumplir, sino que dejaba a juicio del
médico. Estos criterios incluían sobrepeso-obesidad
definido por un IMC >25, hipertrigliceridemia, HDL bajo, PA elevada
>130/85 mm Hg, glicemia elevada manifestada por AGA o IC pero no
incluye DM y otras características de RI (Cuadro 2).
En la posición de la AACE, una vez que se hace el
diagnóstico de DM2, no se puede aplicar el término de
síndrome de resistencia a la insulina.
En 2005, la Internacional Diabetes Foundation (IDF) publicó sus propios criterios
15.
Este grupo deja como criterio necesario la obesidad, enfatiza que la
mejor medida es el perímetro abdominal, por su alta
correlación con RI
16. Sumado a dos de los siguientes
criterios: hipertrigliceridemia, HDL bajo, PA elevada >130/85 mm Hg,
glicemia >100 mg/dl incluyendo DM. En este documento se reconocen
las diferencias étnicas para la obesidad abdominal (Cuadro 3).
En 2005, la American Heart Association (AHA) y el National Heart, Lung and Blood Institute (NHLBI), publicaron sus criterios
9.
Muy similares a los del ATP III, si se considera que son
prácticos en la clínica, y el gran número de
estudios que han evaluado los criterios del ATP III. Debe cumplir con
tres de los cinco criterios: obesidad central por perímetro
abdominal, hipertrigliceridemia o en tratamiento farmacológico,
HDL bajo o en tratamiento farmacológico, PA elevada >130/85
ó con anti-hipertensivos, glicemia basal elevada o en
tratamiento farmacológico para hiperglicemia. En este documento
consideran que en población con perímetro abdominal
limítrofe (hombres entre 94 y 101 cm y mujeres entre 80 y 87 cm)
pueden exhibir características de la RI como: DM2 en familiar en
primer grado de comienzo en <60 años, síndrome de
ovario poliquístico, hígado graso, proteína C
reactiva (PCR) >3 mg/dl, microalbuminuria, glicemia post-carga
alterada, apoB elevada.
EPIDEMIOLOGÍA
La prevalencia del SM varía según factores como
género, edad, etnia, pero se ubica entre 15% a 40%, siendo mayor
en la población de origen hispano
18. En un estudio español
19
se comparó la prevalencia del SM en la misma población
utilizando tres de los criterios existentes. Aquí se
encontró que la prevalencia era mayor en hombres que en mujeres
y aumentaba con la edad, sin importar el criterio utilizado. Pero al
comparar la prevalencia según el criterio utilizado, éste
variaba de forma notable:
1. Criterio OMS: 35.3% (29.8-40.8).
2. Criterio ATP III: 20.2% (15.6-24.8).
3. Criterio EGIR: 24% (19.1-28.9).
No se encontraron estudios en Colombia.
DESCRIPCIÓN DE CADA CRITERIO
Resistencia a la insulina (RI). La
RI es un fenómeno fisiopatológico donde se altera la
acción biológica de la insulina en los diferentes tejidos
de la economía, y provoca una hiperinsulinemia compensatoria.
Cuando el organismo no puede mantener esta respuesta de
hiperinsulinemia, se desarrolla la DM2. Pero en el caso contrario, si
la hiperinsulinemia se sostiene, se desarrollan una serie de
alteraciones, principalmente de tipo metabólico, que aumentan el
riesgo de sufrir ECV. Estos mecanismos se explicaran con detalle
más adelante
8.
La mayoría de personas con SM tienen evidencia de RI
8,
pero como se vio su demostración en los diferentes criterios
existentes no está unificada, en algunos es directa, en otros
indirecta y en otros no es obligatoria.
El método más usado para demostrar resistencia a la
insulina, es la medición de insulina en ayunas, que se
correlaciona bien con la captación de glucosa corporal total
(«whole-body glucose uptake»), pero puede alterarse por la
variabilidad individual en la secreción de insulina. Otras
medidas son índices derivados de la insulina en ayunas y la
glucosa, como el Homeostasis Model Assessment (HOMA), el Quantitative
Insulin Sensitivity Check Index (QUICHI) y el Insulin Sensitivity Index
(ISI). Estos métodos no se usan mucho en la práctica
clínica diaria, y por tanto podrían tener poca
reproductibilidad
20. Se utilizan otros indicadores indirectos de RI como la glicemia basal y la glicemia post-carga de glucosa.
Obesidad. La
relación de la obesidad con la RI, dificulta la
valoración del aporte de cada uno de estos fenómenos con
el SM. Desde el punto de vista epidemiológico, la creciente
epidemia de obesidad, se ha conectado con el aumento en las ECV y el
SM. La obesidad se puede definir como un aumento en el porcentaje de
grasa corporal total, por encima de un valor estándar, que
refleja a nivel celular un aumento en el número y/o
tamaño de los adipocitos. Esta situación es por lo
general producto de un desequilibrio entre las calorías que se
ingieren y las que se gastan. Claro que la obesidad comprende toda una
serie de mecanismos biológicos (genéticos, hormonales,
inmunológicos, etc.), psicológicos y sociales, que la
hacen un fenómeno complejo. En los últimos años,
se le ha dado mucha importancia a la distribución del tejido
adiposo, más que a su volumen per se. Existe buena
evidencia que asocia la obesidad central o superior al riesgo
cardiovascular y metabólico, por su alta relación con
grasa perivisceral. La grasa intra-abdominal o visceral es un factor de
riesgo independiente de RI, intolerancia a la glucosa, dislipidemia e
hipertensión, todos criterios del SM
21.
Varios estudios evidencian que la grasa intra-abdominal, medida por la
circunferencia abdominal se asocia de manera independiente con cada uno
de los criterios del SM, y sugieren que puede tener un papel central en
la patogénesis del SM
22.
Existen varios métodos indirectos para descubrir la obesidad,
que se evaluaron en el último consenso de la US Preventive
Services Task Force
23.
El IMC es la medida más utilizada y con mayor evidencia sobre su
relación con eventos adversos en salud, tiene una
correlación con grasa corporal alta (r=0.7-0.8)23,24. Que se
calcula al dividir el peso en kg sobre la talla en metros al cuadrado
(IMC=P/T2). La interpretación de los valores se da en el Cuadro
4.
El perímetro abdominal (PA) y la relación cintura/cadera
evalúa la adiposidad central. Se recomienda utilizar más
el PA
23.
Como se mencionó en el Cuadro 3 los límites del PA,
se deben interpretar de acuerdo con el origen étnico y
geográfico, y aunque no existen estudios directos en hispanos,
se ha considerado que deben tener los mismos valores de las personas
originarias del sudeste asiático, porque muestran un riesgo
similar en los diversos estudios.
Existe controversia sobre el valor adicional del PA sobre el IMC. En la
población del NHANES se encontró un índice de
correlación r=0.9 entre el IMC y el PA
25. Pero se cuestiona la falta de estandarización de la medición del PA.
En este mismo artículo se describe el protocolo de
medición en el estudio de NHANES: el paciente está en
bipedestación, el examinador se coloca a su derecha y dibuja una
marca justo encima del borde lateral superior de la cresta
ilíaca derecha, justo en la línea medioaxilar. La cinta
métrica se pone en un plano horizontal alrededor del abdomen,
justo encima de esta marca, ajustándola cómodamente a la
piel, pero sin comprimirla. La medición se hace durante la
inspiración normal mínima.
En el Cuadro 3, el punto de corte del PA para la población de
Colombia, no se documentó bien, pero hay dos estudios
26,27, uno en hombres colombianos y otro en hombres ecuatorianos, que encuentran que el nivel de 88 a 90 cm es el más adecuado
Dislipidemia. La
dislipidemia del SM es otra importante característica, que se
incluye en todos los criterios planteados hasta el momento. Se
considera que la dislipidemia asociada com el SM es altamente
aterogénica
28 y se caracteriza por:
1. Hipertrigliceridemia: TG >150 mg/dl
2. Colesterol de baja densidad disminuido:
a. H: HDL <40 mg/dl
b. M: HDL <50 mg/dl
3. Lipoproteínas de baja densidad (LDL) pequeñas y densas
4. Aumento de ácidos grasos libres en plasma
5. Aumento de apolipoproteína B
Las dos primeras alteraciones se evalúan de rutina en la
práctica clínica, pero las otras no, y no se incluyen en
los criterios de las diferentes organizaciones; pero, diversos estudios
demuestran su relación con el SM y la ECV.
El HDL bajo y los triglicéridos elevados son predictores independientes de riesgo cardiovascular en pacientes con SM
29. La combinación de HDL bajo y glicemia basal elevada ha demostrado ser predictor de enfermedad coronaria.
En un estudio de McLaughlin et al.
30 en adultos sanos con
sobrepeso y obesidad, se estudiaron marcadores prácticos de RI,
y se encontró que los triglicéridos >130 mg/dl y la
relación TG/HDL >3 están altamente correlacionados con
RI, y alcanzan una sensibilidad y especificidad comparables con los
criterios del ATP III para RI.
Presión arterial. Actualmente
existe amplia evidencia de la asociación lineal del aumento de
PA, con el riesgo cardiovascular. Varios estudios relacionan la RI con
el aumento de la PA. Desde el ATP III, se tiene como criterio una PA
>130/85 mm Hg. Aunque este nivel puede parecer arbritario, surge de
creciente evidencia, que demuestra riesgo cardiovascular desde niveles
de PA menores que las requeridas para diagnosticar hipertensión
arterial (HTA)31,32. El riesgo de ECV comienza desde la PA de 115/75 mm
Hg, y con cada incremento de 20 mm Hg en la presión
sistólica ó 10 mm Hg en la presión
diastólica, se dobla el riesgo cardiovascular.
El nivel de 130/85 mm Hg, es el mismo planteado como límite para
personas con condiciones patológicas que impliquen alto riesgo
como nefropatía, accidente cerebrovascular o coronario previo
31,32.
En el momento que se publicaron los criterios del ATP III (2001),
estaba vigente el sexto Comité Nacional Conjunto de HTA, que
consideraba como cifras normales hasta 130/85 mm Hg, y los valores de
PAS 130-139 mm Hg y de PAD 85-89 mm Hg como normales altos. En 2003 se
publicó el séptimo Comité Nacional Conjunto de HTA
31,
que creó la categoría de pre-hipertensión a partir
de cifras de 120/80 mm Hg, aunque las guías de manejo de la HTA
de las Sociedades Europeas de HTA y Cardiología publicadas el
mismo año
32, mantuvieron la clasificación
previa. Las posiciones publicadas posteriormente no han cambiado el
criterio del ATP III, de una PA >130/85 mm Hg.
Glicemia. La presencia de DM 1 ó 2, aumenta el riesgo de la EVC ampliamente
8.
También existe evidencia que relaciona la intolerancia a los
carbohidratos (IC) y la alteración de la glucosa en ayunas (AGA)
con un aumento en el riesgo cardiovascular; aunque el último en
menor proporción
33. En 2003 la American Diabetes
Association disminuyó el valor normal de glucosa a 100 mg/dl, y
los criterios de SM posteriores adoptaron esta cifra
11.
La glicemia basal es la variable con el mayor valor predictivo
positivo, y su valor entre 110 y 126 mg/dl es altamente predictivo para
RI/hiperinsulinemia. Pero este indicador no es tan sensible, por lo que
la mayoría de personas con RI/hiperinsulinemia tendrán
una glicemia basal <110 mg/dl
34.
Pero si se tiene en cuenta el criterio de la ADA de 2003, y se
considera la glicemia >100 mg/dl como indicador de RI, se
aumentará su sensibilidad, pero sin olvidar que se disminuye su
valor predictivo positivo (más individuos sin RI se
calificarán como tal).
La medición sólo de glicemia basal, para identificar RI y
RCV, es poco sensible, aunque muy específica. Parece ser
más útil la medición de glicemia tras una carga de
75 g de glucosa, con valores >140 mg/dl (>7.7 mmol/l)
35.
Como se pudo ver en el Cuadro 1, algunas organizaciones incluyen los
pacientes con DM en los criterios de SM, y otras no. Este es un punto
de discusión que se abordará más adelante.
OTROS
Trombogénesis. El
SM se asocia con un estado protrombótico, aumento del
fibrinógeno y el inhibidor del activador del plasminógeno
(PAI-1)
36. El PAI 1 es un marcador de fibrinolisis alterada
y aterotrombosis. El aumento del PAI-1 se ha demostrado en pacientes en
enfermedad coronaria y accidentes cerebro-vasculares
37. Pero no existe claridad sobre el valor de agregar las mediciones de estos factores en la práctica clínica.
Inflamación. Se
sabe que el SM es un factor de riesgo para ECV, y por tanto para
aterosclerosis. La aterosclerosis es un proceso inflamatorio, y se
asocia con marcadores de inflamación38. Existe evidencia
importante de una relación entre el SM y la inflamación.
Varios estudios39,40 demuestran una asociación entre el SM y/o
la RI y el aumento de la PCR, un conocido marcador de
inflamación. (hsCRP o PCR de alta sensibilidad).
Las guías de la American Heart Association (AHA) y el Center for
Disease Control (CDC)40 recomiendan a los médicos la
medición del hsCPR, además del perfil lipídico en
los individuos con riesgo moderado (riesgo de Framingham 10%-20%) para
ECV, y los clasifica de la siguiente manera según el resultado
de la hsCPR: <1 mg/dl (riesgo bajo), 1-3 mg/dl (riesgo moderado), y
>3 mg/dl (riesgo alto). La recomendación para filtrar o
cribar la población general se deja a discreción del
médico. En prevención secundaria (personas que ya han
tenido un percance coronario o algo semejante), la hsCRP se
correlaciona con mayor riesgo de un nuevo accidente, pero esta
situación no altera el manejo establecido del enfermo, y por
tanto no tendría impacto clínico.
En este mismo informe del CDC40, se recomienda que la hsCRP no se mida
si hay presencia de infección aguda o trauma, y si el valor es
>10 mg/dl se repita a las 2 semanas. Si el valor persiste >10
mg/dl, se deben descartar causas infecciosas o inflamatorias. Aunque su
papel como asociación causal es tema de controversia, y se
cuestiona si es más una consecuencia que una causa.
En un artículo41 publicado en 2004, dentro de un estudio
poblacional en Islandia, se evaluó el papel predictor de la PCR
y otros marcadores de inflamación (velocidad de
eritrosedimentación y factor de von Willebrand), además
de comparar los meta-análisis hechos hasta esa fecha. En el
estudio los distintos marcadores de inflamación tuvieron
correlación significativa con los accidentes cardiovasculares,
pero no agregaban un aumento significativo en el riesgo sobre los
factores tradicionales, según se pueden medir en escalas
validadas como la de Framingham.
Pero, ¿la PCR añade valor pronóstico al SM? Esta
interesante pregunta se hizo en el estudio de Ridker et al.42 donde se
comparaban los niveles de hsCRP en personas con 0, 1, 2, 3, 4 ó
5 características del SM. Los niveles de hsCRP aumentaban de
modo lineal con el número encontrado de características
de SM, pero además el riesgo relativo de accidentes
cardiovasculares era mayor de manera significativa para los enfermos
con hsCRP >3 mg/dl, en cada uno de los grupos según el
número visto de características del SM.
Otro punto interesante de revisar, según Ballantyne et al.43, es
el papel de la PCR como predictor de riesgo en pacientes con LDL
(principal lipoproteína asociada con ECV) en valores normales,
como se pudo evidenciar en el estudio ARIC, donde en el grupo de
pacientes con LDL <130 mg/dl, la PCR elevada y la
lipoproteína-asociada fosfolipasa A2 (Lp-PLA2) se asociaban
significativamente con riesgo CV.
En otro estudio44 se comparó en forma directa la hsCPR y el LDL
en más de 8,000 mujeres sanas, y se encontró que las dos
variables se correlacionaban de modo mínimo, pero cada una
tenía una fuerte relación con la incidencia de accidentes
cardiovasculares, en forma independiente de otros factores de riesgo.
Esto significaría que cada una de las variables
identificaría grupos de riesgo distintos. Otro hallazgo
interesante es 77% de las ECV ocurrieron en mujeres con LDL <160
mg/dl, y 46% con LDL <130 mg/dl. Al analizar la CRP ajustada para
cada integrante de la escala de Framingham se obtuvo un efecto
independiente45.
Otros marcadores de inflamación que se han estudiado, y han
tenido asociación con riesgo cardiovascular son nivel de
leucocitos en el hemograma, velocidad de eritrosedimentación,
citoquinas, factor de necrosis tumoral, moléculas de
adhesión, pero su utilidad clínica todavía es
discutible.
Como se puede ver, existe amplia evidencia de la correlación de
marcadores de inflamación, principalmente la PCR con el riesgo
cardiovascular, pero hay pruebas que son tema de discusiones para
probar la ventaja de su inclusión como factor de riesgo
independiente, y por tanto como un criterio adicional del SM.
Acido úrico. La
insulina disminuye la producción de ácido úrico y
aumenta su depuración renal. Dentro del estudio ARIC43, se
estudiaron factores que predisponían a hiperinsulinemia, y se
halló que la hiperuricemia (>6.4 mg/dl) se asociaba
positivamente con hiperinsulinemia y SM, pues viene a ser un factor
demostrable que indica alta probabilidad de desarrollar
hiperinsulinemia y SM.
Estrés. El
conocimiento popular asocia el estrés con el riesgo
cardiovascular, pero comparado con otros factores de riesgo, es
difícil de medir objetivamente. Además el estrés
es un conjunto de elementos complejos. En un estudio prospectivo de
cohortes con más de 10,000 personas, se encontró
relación entre el nivel de estrés laboral y la presencia
del SM, independiente de otros factores de riesgo46. Un
metaanálisis de estudios de cohorte47 sostiene la
asociación entre factores psicosociales como personalidad tipo
A, depresión, ansiedad, pobre apoyo social y los accidentes
cardiovasculares. Con la evidencia actual se puede considerar al
estrés como un factor de riesgo cardiovascular y asociado con el
SM, pero es un criterio difícil de medir, con elementos
complejos, y por tanto difícil de incluir como criterio del SM.
Cigarrillo. También
en el estudio ARIC43, donde se analizaron factores que
predisponían a hiperinsulinemia, se encontró que el
tabaquismo se asociaba positivamente con hiperinsulinemia y SM futuro.
Sedentarismo. Hay
pruebas de que el acondicionamiento cardio-pulmonar tiene una
asociación inversa con la incidencia de SM48. No existe
evidencia suficiente que respalde al sedentarismo como factor de riesgo
independiente, pero es esencial interrogar sobre el nivel de actividad
física, pues el sedentarismo favorece la aparición de
otros factores de riesgo claros para el SM como la obesidad. Los
estudios que abordan el sedentarismo y la actividad física,
emplean instrumentos de medición que no son fácilmente
aplicables en la práctica diaria.
Síndrome de ovario poliquístico. Se asocia con RI y riesgo cardiovascular y metabólico, y tiene características similares al SM49.
Edad. Es claro que la
incidencia de SM aumenta con la edad, al igual que el riesgo
cardiovascular. Este hecho se puede deber a un efecto acumulativo de
los factores etiológicos, o un proceso propio del
envejecimiento. Pero es importante destacar la presencia creciente de
SM en adolescentes y adultos jóvenes. Se informan cifras en EUA
de 30% en >40 años y 40% en >60 años50.
Microalbuminuria. La microalbuminuria es un factor de riesgo cardiovascular independiente y se incluye en los criterios del ATP III8.
Otras condiciones. Algunas enfermedades asociadas con SM son acantosis
nigricans, hipotiroidismo primario, uso de inhibidores de proteasa para
pacientes con VIH, exceso endógeno o exógeno de
glucocorticoides14.
Origen étnico. El
SM es más común entre hispanos y mujeres
afro-descendientes. La susceptibilidad a factores de riesgo
específicos del SM varía: dislipidemia en blancos
caucásicos de origen europeo, HTA en negros y asiáticos,
diabetes en hispanos, nativos de las islas del Pacífico y
nativos americanos18.
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