Variables psicológicas como predictores de conductas de prevención relacionadas con la infección por VIH
Julio Alfonso Piña, MC1, Andrés Ernesto Corrales, MSP2, Blanca Margarita Rivera, MC3
1. Colaborador externo, Centro Ambulatorio para la
Prevención y Atención a VIH/SIDA e ITS, Hermosillo,
México.
e-mail: ja_pina@hotmail.com
2. Director, Centro Ambulatorio para la Prevención y
Atención a VIH/SIDA e ITS, Hermosillo, México.
e-mail:
andrescorralesr@hotmail.com
3. Asistente de investigación, Unidad de Investigación y
Servicios en Salud del Instituto Mexicano del Seguro Social,
Hermosillo, México. e-mail: blanca.rivera@imss.gob.mx
Recibido para publicación junio 5, 2007 Aceptado para publicación enero 31, 2008
RESUMEN
Objetivo: Estudio
transversal que tuvo como su objetivo identificar si variables que
incluían a los conocimientos, creencias y motivos se
constituían en predictores de dos conductas de prevención
relacionadas con la infección por VIH: «Evitar una
relación sexual con penetración» e
«Intención de uso de preservativo en el futuro».
Métodos: De una
muestra original de 648 estudiantes pertenecientes a dos instituciones
educativas que se localizan en Hermosillo, México, se
trabajó con una submuestra de 328 estudiantes que en el momento
del estudio informaron no tener experiencia sexual. Para el
análisis de los datos se utilizaron estadísticas
descriptivas, el x
2 de Pearson y un análisis multivariado de regresión logística.
Resultados: El análisis con el x
2
de Pearson arrojó diferencias significativas en ambas conductas:
para los que habían tenido oportunidad de comprometerse en una
relación sexual con penetración y la habían
evitado (x
2 [2]=45.378; p=0.000), así como entre
quienes respondieron a una baja o una alta probabilidad de usar
preservativo en el futuro (x
2 [2]=235.622; p=0.000). El
análisis de regresión logística reveló que
la variable motivos predijo la conducta evitar una relación
sexual con penetración (x
22 [9]=33.805; p=0.000),
mientras que también la variable motivos predijo la conducta
intención de uso de preservativo en el futuro (x
2 [8]=18.069; p=0.021).
Conclusiones: Se
discute la importancia que reviste la variable motivos en el contexto
de los programas dirigidos a prevenir la infección por VIH en
ese sector de la población.
Palabras clave: Conocimientos; Creencias; Motivos; Conductas de prevención; Infección por VIH.
Psychological variables as predictors of preventive behaviors related to hiv
SUMMARY
Fundament: A
cross-sectional study was carried out with the main objective to
identify if psychological variables including knowledge, belief, and
motivation predicted two prevention behaviors related to HIV infection:
«To postpone a sexual intercourse» and «Condom use
intention».
Method: From an
original sample of 648 students of two institutions located in
Hermosillo, Mexico, we worked with a subsample of 328 students whom
reported no sexual experience. For data analysis descriptive
statistics, the Pearson’s x
2 and a logistic regression analysis were used.
Results: The Pearson’s x
2
showed significant differences in both behaviors: those who have the
opportunity to involve in a sexual relationship and they avoid it (x
2 [2]=45.378; p=0.000), as well as those who have condom use intention (x
2
[2]=235.622; p=0.000). The logistic regression analysis revealed that
one type of motivation predicted the behavior to avoid a sexual
relationship with penetration (x
2 [9]=33.805; p=0.000), if well another type of motivation predicted the behavior condom use intention (x
2 [8]=18.069; p=0.021).
Conclusions: The role of the variable motivation in the prevention of HIV infection programs is discussed.
Keywords: Knowledge; Beliefs; Motives; Preventive behaviors; HIV Infection.
Al considerar que la epidemia del sida en México es de neto
predominio sexual (96.1% de los casos en hombres y 88.8% de los casos
en mujeres), en los últimos 10 años las autoridades
sanitarias del país han insistido en la necesidad de redoblar
los esfuerzos tendientes a prevenir nuevas infecciones por VIH, sobre
todo en dos de los sectores de la población que se consideran
especialmente vulnerables, a saber, los adolescentes y los adultos
jóvenes
1.
El problema con lo anterior reside en que como México es un
país donde todavía predomina una visión
médico-social respecto del problema de la infección por
VIH, no es extraño encontrarse con que tanto las campañas
como los programas respondan a esa visión
2,3, de tal
suerte que antes de su diseño e instrumentación se ponga
énfasis en el desarrollo de investigaciones que privilegian el
empleo de censos y encuestas que se limitan a un recuento de qué
tanto saben las personas sobre VIH, qué tipo de actitudes
manifiestan en la forma de conducta verbal relacionadas con el
preservativo y su uso, con qué frecuencia y qué tipo de
conductas de riesgo o de prevención se practican, entre otras
cosas
4,5.
Debido a que tal visión y la lógica con la que se aborda
el problema en cuestión han demostrado ser insuficientes, se
requiere que la investigación sobre VIH se fundamente en el
empleo de modelos teóricos que reconozcan, sí, la
importancia de aquellas variables, pero también otras, de tipo
histórico y situacional, que facilitan o dificultan la
práctica de las conductas de riesgo o de prevención;
dicho en otras palabras, es necesario tener en cuenta que, como el del
VIH es un problema social multideterminado y multifactorial, no se
podrá avanzar en la dirección deseada, sino hasta tanto
no se acepte la importancia de otras variables, dentro de las cuales se
destacan las de tipo psicológico.
Siguiendo con esta idea, en México, con base en un modelo
psicológico de salud biológica y su versión
ampliada
6,7,8 se han conducido diferentes investigaciones
con el objeto de evaluar una amplia variedad de conductas de riesgo
para la infección por VIH -i.e., tener relaciones sin usar
preservativo, involucrarse sexualmente con múltiples parejas o
con parejas ocasiones, etcétera- y la manera en la que
éstas se asocian con o son predichas por variables como la edad,
el sexo, los conocimientos, las situaciones interactivas, los motivos
que subyacen a esas conductas y determinados estados biológicos
asociados -i.e., consumo de sustancias como alcohol y drogas
9,10,11.
Constituyen éstas tan sólo una muestra representativa en
las que como una constante se ha demostrado que variables como los
conocimientos y creencias no ejercen influencia alguna sobre las
conductas de riesgo, contrario al papel de variables como las
situaciones interactivas, los motivos y los estados biológicos,
principalmente.
No obstante lo alentador de los resultados en esas u otras
investigaciones, hasta el momento no se dispone de información
sobre los datos producidos por investigaciones que se hacen para
evaluar única y exclusivamente conductas de prevención
relacionadas con la infección por VIH. Parece, por tanto, que es
el momento oportuno de explorar qué variables
psicológicas pudieran eventualmente asociarse con o predecir
diferentes conductas de prevención. De acuerdo con un modelo
psicológico de salud, la práctica de una conducta de
prevención eficaz depende de dos cosas: de un lado, que una
persona pueda llevarla al cabo; del otro, que quiera llevarla al cabo
9.
Que pueda, depende de si la persona dispone de los recursos o las
competencias eficientes necesarias -que reconozca cuáles son las
conductas y/o situaciones de riesgo, las señales de
estímulo que probabilizan la proximidad de una situación
de riesgo y qué conductas son de prevención, entre
otras-. Que quiera, depende de la influencia de ciertos estados
biológicos momentáneos -casos de la excitación y
relajación, así como el consumo de sustancias como
alcohol o drogas por ejemplo- y de factores situacionales
específicos -que pueden ser coyunturales o convencionales-. Son
variables, a las que se podrían sumar otras de igual relevancia
teórica, casos de la personalidad, que sin duda
permitirían comprender mejor por qué las personas hoy en
día practican o no conductas de prevención.
Con el propósito de dar cuenta de lo expuesto se planteó
el presente estudio, cuyo objetivo fue probar si los conocimientos,
creencias y motivos se constituían en predictores de dos
conductas de prevención: «Evitar o postponer una
relación sexual con penetración» e
«Intención de uso de preservativo en el futuro».
METODOLOGÍA
En este estudio de corte transversal, mediante un muestreo por cuotas
se seleccionaron 648 estudiantes universitarios pertenecientes a dos
instituciones que se localizan en la ciudad de Hermosillo, en el
noroeste de México. Como criterios de inclusión se
consideraron los siguientes: a) ser soltera/o; b) que no hubieran
tenido relaciones sexuales con penetración, y c) que decidieran
participar voluntariamente y respondieran a la totalidad de preguntas.
Debido a que 320 estudiantes no cumplieron con alguno de esos
criterios, la muestra definitiva quedó conformada por 328
estudiantes, con una edad promedio de 20.5 años (DE=4.7) y
edades mínima y máxima de 17 y 47 años,
respectivamente; asimismo, 181 (55.2%) pertenecían a una
universidad pública y 147 (44.8%) a una institución
formadora de profesores de los niveles básico y secundaria; las
restantes características sociodemográficas se describen
en el
Cuadro 1.
El responsable de la investigación y un grupo de
psicólogos previamente entrenados acudieron a diferentes aulas
de las dos instituciones, solicitaron la autorización al
profesor que impartía clases para proceder con la
administración del instrumento. A los estudiantes se les
explicó la razón de la presencia de los investigadores,
así como el interés de que colaborasen voluntariamente en
el estudio. Quienes aceptaron hacerlo leyeron y firmaron el
consentimiento informado, y luego se les describieron las instrucciones
y se les hizo entrega del instrumento y una hoja de respuestas; a todos
se les aclaró que sus respuestas serían anónimas y
confidenciales, y se añadió que los resultados se
utilizarían con fines de investigación. Para administrar
el instrumento se gastaron entre 20 y 30 minutos.
Se empleó un instrumento cuyas propiedades psicométricas
demuestran que es confiable (a=0.79) y válido (con una
estructura de dos factores -que explican 38.6% de la varianza- y dos
índices)
12. De las 29 preguntas que tiene el
instrumento, para los propósitos del estudio se seleccionaron
tres sobre conocimientos: transmisión del VIH por la vía
sexual, abstinencia y uso de preservativo como medidas preventivas; de
éstas, un ejemplo de pregunta fue el siguiente: «El VIH se
transmite por la vía sexual», con opciones de respuesta
que iban de 1 (definitivamente cierto) a 4 (definitivamente falso);
asimismo, se utilizaron dos sobre creencias, de riesgo personal y
efectividad del preservativo como medida preventiva; un ejemplo de
estas preguntas fue: «Corro el mismo riesgo que otras personas de
infectarme con el VIH» y «El preservativo reduce el riesgo
de infección por VIH», con opciones de respuesta que iban
de 1 (totalmente de acuerdo) a 4 (totalmente en desacuerdo).
También se utilizaron dos preguntas sobre motivos a fin de
practicar las conductas de prevención: para evitar una
relación sexual con penetración y utilizar preservativo
en el futuro; un ejemplo de pregunta sobre motivos fue: «De las
siguientes motivos, cuáles considera determinantes para no haber
tenido relaciones sexuales con penetración», los mismos
que incluían cuatro opciones: 1 (espero hacerlo por afecto hacia
mi pareja), 2 (soy responsable con el ejercicio de mi sexualidad), 3
(no me siento preparada/o para tener relaciones), y 4 (aunque no he
tenido relaciones sexuales con penetración he pasado por una
experiencia desagradable). Finalmente, se midieron dos conductas de
prevención: evitar relaciones sexuales con penetración y
uso de preservativo en el futuro; ambas conductas se midieron en una
escala nominal, con opciones de respuesta de 1 (sí) y 2 (no).
Un primer análisis incluyó el empleo del x
2
de Pearson, para identificar posibles asociaciones entre las dos
conductas y el resto de variables. Luego se utilizó un
análisis multivariado de regresión logística para
determinar los predictores de la práctica de las dos conductas
de prevención; para el empleo de este procedimiento todas las
variables se transformaron en variables «Dummy».
RESULTADOS
Análisis de diferencias
en las conductas «evitar o posponer una relación sexual
con penetración» e «intención del uso de
preservativo en el futuro». En el momento de efectuar el
estudio, 225 (68.5%) estudiantes señalaron que habían
tenido oportunidad de comprometerse en una relación sexual con
penetración y la habían evitado, mientras que los
restantes 103 (31.4%) no habían enfrentado una situación
de ese tipo, diferencia que fue significativa (x
2
[2]=45.378; p=0.000). Respecto de la segunda conducta, intención
de uso de preservativo en el futuro, 303 (92.3%) estudiantes
respondieron que sí lo utilizarían en su primera
relación sexual con penetración, en tanto que pocos
estudiantes, cantidad que ascendió a 25 (7.6%) respondieron en
un sentido opuesto, diferencia que también fue significativa (x
2 [2]=235.622; p=0.000).
Análisis multivariado
de regresión logística para las conductas «Evitar o
posponer una relación sexual con penetración» e
«Intención del uso de preservativo en el futuro».
El análisis de regresión logística (
Cuadro 2)
reveló, para la conducta «Evitar una relación
sexual con penetración», que del conjunto de variables
incluidas se eliminaron de manera progresiva las de conocimiento sobre
transmisión del VIH por la vía sexual, conocimiento de la
abstinencia como medida preventiva y creencia de riesgo personal. En
ese sentido, únicamente la variable motivos para evitar una
relación sexual se constituyó en predictor de dicha
conducta (x
2 [9]=33.805; p=0.000); la bondad de ajuste del
modelo fue la adecuada, toda vez que la prueba de Hosmer & Lemeshow
mostró no ser significativa (x
2 [6]=2.562; p=0.861).
En lo tocante a la conducta «Uso de preservativo en el
futuro» (
Cuadro 3), se eliminaron progresivamente las variables
sobre conocimientos y creencias, por lo que la variable motivos para
usar preservativo emergió como único predictor (x
2
[8]=18.069; p=0.021); el modelo también fue el adecuado, en
virtud de que la prueba de Hosmer & Lemeshow mostró no ser
significativa (x
2 [7]=8.179; p=0.317).
DISCUSIÓN
Los resultados obtenidos con respecto al análisis de
regresión aportan elementos interesantes para discutirlos, sobre
todo cuando se refiere a conductas que desde un punto de vista
psicológico se esperaría que tuvieran correspondencia una
con la otra: la primera, de tipo instrumental, definida a partir de la
no-experiencia sexual informada por los participantes, mientras que la
segunda, de naturaleza verbal, que presumiblemente reflejaría la
intencionalidad de los estudiantes para practicarla en el futuro, esto
es, usar el preservativo una vez que se comprometan en una
relación sexual con penetración.
En efecto, si de acuerdo con la lógica que subyace en los
modelos epidemiológicos, psicosociales o socioculturales -i.e.,
teoría de la acción razonada
13,14, modelo de creencias de salud
15, teoría de la conducta planeada
16,17 o el modelo de consenso cultural
18,19,
los mejores predictores de las conductas de riesgo para la
infección por VIH incluyen a variables como los conocimientos,
actitudes y creencias, en este trabajo ninguna de esas variables
influyó de manera decisiva sobre ambas conductas. Por tanto, los
hallazgos de este estudio apoyan los informes de otros lugares respecto
de la influencia de los motivos que subyacen a diferentes conductas de
riesgo
20,21,22.
Esta variable, la de los motivos, supone la elección o
preferencia por determinados objetos, sucesos o personas con los que se
entra en contacto en una situación social; como tales, los
motivos le dan direccionalidad a la conducta, y en ese sentido su
análisis tiene que efectuarse y considerar lo que se ha hecho en
el pasado y la probabilidad de que, dada una determinada
situación social, una persona se comportará con base en
sus motivos. De esta manera, su influencia sobre la práctica de
las conductas de prevención en una situación social se da
a partir de cómo regulan o modulan el ejercicio de las
competencias conductuales, en la forma de hacer las cosas
eficientemente y su actualización en la forma de conductas de
prevención
7,8.
Esto último es importante, porque no obstante que se posea un
nivel óptimo de conocimientos -que las personas sepan qué
es el sida, qué es el VIH, cuáles son las vías de
transmisión, que el preservativo previene la infección
por VIH, etc.- o que se ponga de manifiesto algún tipo especial
de actitud o de creencia sobre el VIH o el preservativo, por ejemplo,
el que se practiquen o no las conductas de prevención
dependerá en última instancia de si las personas poseen
las competencias eficientes -no sólo saben o conocen sino que
llegado el momento actúan en consecuencia-, pero también
de las propiedades disposicionales de la situación social o por
los efectos reguladores de los motivos
23,24. Dicho en otras
palabras, una persona puede saber o conocer sobre el VIH y a la vez
disponer de los recursos competentes para comportarse de manera
preventiva, aunque adicionalmente es necesario que se encuentre
motivada -que quiera hacer las cosas- para practicar las conductas de
prevención, tal y como ocurrió aquí.
Por tanto, de lo antes dicho se desprende que no es suficiente con que
las campañas y programas dirigidos a la prevención de la
infección por VIH se limiten a un simple traspaso de
conocimientos de los especialistas a los usuarios, o bien que se
pretenda incidir sobre las actitudes y creencias de éstos
25,26,27,28.
Como punto de partida es preciso entender cómo, dónde,
con quién y por qué las personas eligen y practican
conductas de riesgo o de prevención. Y para lograr tal
entendimiento se requieren modelos teóricos que garanticen el
análisis de las variables que son pertinentes: qué se
sabe y qué se cree sobre VIH; con quién y dónde se
interactúa -es decir, en qué circunstancia social, lugar
o lugares, si se dispone o no de las competencias para practicar una
conducta de prevención, etc.-; qué se ha hecho en el
pasado y qué consecuencias resultaron -se han tenido relaciones
sexuales sin usar preservativo y se ha diagnosticado una
infección de transmisión sexual o no; finalmente,
qué papel juegan los motivos en la práctica de una
conducta de prevención o no, es decir, a partir de su propia
historia conductual identificar por qué se ha elegido o
preferido practicar una conducta de prevención o una de riesgo.
En virtud de lo anterior, habría que investigar más
adelante, si es suficiente que una persona sepa que el preservativo
previene la infección por VIH para que en el futuro haga uso del
mismo de manera tanto consistente como eficiente. Esto es, si esa
persona dispone de los conocimientos relacionados con el preservativo
se comportará de manera preventiva una vez que se encuentre en
una situación interactiva donde existe una alta probabilidad de
involucrarse en una relación sexual con penetración; en
otras palabras, si esos conocimientos correrán al parejo de un
saber hacer eficiente: saber utilizarlo de acuerdo con unas reglas bien
establecidas
29,30.
Por lo menos, si se recure a los hallazgos de diferentes autores
21,22,23,
se está en una posición inequívoca para concluir
que saber o conocer no es suficiente para que las personas sean
consecuentes y practiquen las conductas de prevención requeridas
en una situación interactiva concreta; mucho menos lo es el que
se crea que una persona se evalúa a sí misma en riesgo de
infección para el VIH o que inclusive crea que el preservativo
sí previene la infección por VIH. Por ello, como se
mencionó al comienzo de este trabajo, es imprescindible contar
con modelos teóricos que garanticen un análisis lo
más completo posible del conjunto de variables
psicológicas y situacionales que facilitan o interfieren con la
práctica de las conductas instrumentales de riesgo o de
prevención, como un recurso fundamental para poder ofrecer
explicaciones plausibles, una vez puestos en marcha determinados
programas, de por qué las personas han sido capaces de modificar
sus comportamientos de riesgo por comportamientos de prevención
3,25,31,32,33,34.
Si bien los resultados reseñados aquí aportan
información potencialmente útil para una mejor
comprensión de las variables psicológicas que subyacen a
las conductas de prevención, es importante reconocer dos
limitaciones. Primera, el tamaño de la muestra, que se
circunscribió a los estudiantes de educación superior de
únicamente dos instituciones, ambas de carácter
público. Segunda, que por las características del
instrumento utilizado no fue posible indagar sobre otras variables en
la disposición de tipo psicológico, que incluyen a la
situación social, el lugar o lugares que probabilizan la
práctica de las conductas de riesgo o prevención y las
personas con quiénes se entra en contacto, básicamente,
que en estudios hechos hace poco todo parece indicar que juegan un
papel clave en la explicación y predicción de ambos tipos
de conductas
8.
Con el objeto de ampliar y mejorar el conocimiento sobre lo antes
mencionado, se prepara un trabajo de investigación con una
muestra de alrededor de 3,000 estudiantes de educación superior,
pertenecientes a instituciones localizadas en diversas regiones de
México. En éste se pretende evaluar los determinantes
psicológicos de la práctica de distintas conductas de
riesgo o de prevención, que incluyen: historia de conducta
sexual, conocimientos y creencias relacionados con el VIH, situaciones
interactivas, estados biológicos y motivos que probabilizan o no
la práctica de ambos tipos de conductas. Interesa, a partir de
los resultados que arroje el estudio, estar en mejores condiciones para
diseñar, instrumentar y evaluar programas orientados a prevenir
la infección por VIH en ese sector de la población, de
acuerdo con una serie de criterios recientemente probados con muestras
de estudiantes de educación superior y otros sectores de la
población
35,36,37.
CONSIDERACIONES FINALES Y RECOMENDACIONES
- En el presente
estudio se puso de manifiesto la nula influencia de variables,
conocimientos y creencias sobre la práctica de las conductas de
prevención relacionadas con la infección por VIH en
estudiantes universitarios.
-
Tanto en este como en otros estudios del primero de los autores y
colaboradores, destaca el importante papel de la variable motivos como
predictor de las conductas instrumentales de prevención o de
riesgo, aspecto que sin lugar a dudas se debe tener en cuenta en el
momento de diseñar programas de intervención dirigidos a
evitar nuevas infecciones por el VIH en este sector de la
población. Son estudios con muestras de estudiantes de
educación superior de diversas instituciones del Estado de
Sonora y otros estados del país, en los que se han analizado
conductas de riesgo como la edad en que se inician las relaciones, el
uso de preservativo en la primera relación sexual y a lo largo
de la vida sexual activa, así como haber tenido relaciones con
múltiples parejas, tanto conocidas como ocasionales.
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