El lado oscuro de la producción y comercialización de medicamentos

Muchos niños, de raza negra, latinos y pobres de New York, reciben fenfluramina (que ya estaba prohibida por el riesgo de valvulopatía y daño cerebral) durante estudios financiados por autoridades estatales, con permiso de la FDA (Food and Drug Administration).

Ha habido escándalos por la ocultación de datos sobre las tendencias suicidas que provoca el Prozac, un mayor riesgo de infarto de miocardio con Vioxx y Celebrex y arritmias cardíacas relacionadas con el uso de Prepulsid y Arcasin.

Los directores de diversas clínicas en Europa hacen ensayos clínicos no éticos con pacientes psiquiátricos hospitalizados o legalmente incapaces, a fin de probar medicamentos prohibidos, a cambio de elevados honorarios que pagan grandes empresas farmacéuticas.

Muchos médicos en Asia y África hacen experimentos en miles de mujeres embarazadas con infecciones por VIH quienes recibieron un placebo en lugar del fármaco probado, a sabiendas del riesgo de contagio para el bebé, financiados por entidades públicas, autoridades del gobierno norteamericano y otros gobiernos y aun por el programa conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH (ONUSIDA).

A miles de pacientes hipertensos en Europa Oriental, América del Norte, América del Sur y China no se les administraron medicamentos sino un placebo durante años aunque no se ignoraba que la medicación disminuye los ataques de apoplejía e infartos, para probar la nitrendipina y el ramipril.

Médicos alemanes, austriacos, italianos y norteamericanos extrajeron tejidos de los muslos o del pulmón de personas con lesiones graves sin su consentimiento y sin que lo supieran, para determinar cómo actuaba el Trasylol en los tejidos y se adulteraron las tasas de mortalidad por el uso de este medicamento.

La lista de cargos a las multinacionales que operan en el sector farmacéutico es amplia. A fin de acelerar al máximo los ensayos con sus nuevos productos, lograr resultados favorables y ocultar los efectos colaterales, los laboratorios recurren a países con reglas y controles no tan estrictos. Los pacientes con enfermedades graves reciben placebos, y los médicos se transforman en cómplices. Se sigue la venta de medicamentos cuya eficacia y seguridad no están comprobadas, con el aval de los estados y sin defensa del consumidor.

La contribución de los laboratorios farmacéuticos al progreso de la medicina es innegable, es uno de los sectores que más ha servido para mejorar la calidad y esperanza de vida de la población, al facilitar medicamentos que mejoren el manejo de las enfermedades. A pesar de sus aportes sociales, las compañías farmacéuticas desde hace dos décadas vienen con una imagen muy poco favorable y lideran la escala de los conjuntos peor considerados por los consumidores. El margen promedio de utilidades para las grandes empresas estadounidenses fue 3.1 por ciento; las compañías productoras de medicinas tuvieron más de cinco veces ese nivel de ganancias. Con esos niveles de venta y utilidad, es de suponerse que estas entidades dedican una porción considerable de su presupuesto a investigación y desarrollo.

Sin embargo, la industria farmacéutica ha desviado en las últimas décadas su loable propósito de investigar y producir medicamentos nuevos y útiles hacia la búsqueda de altos niveles de rentabilidad y recurren al «relanzamiento» de productos que son apenas versiones marginalmente mejoradas de sus antecesores para suplir la falta de innovación, prolongar el período de las patentes, distorsionar las leyes para lograr exclusividades, influir en los legisladores y órganos de vigilancia y control, condicionar a los pacientes y a los gobiernos a pagar altos precios por medicamentos que no implican de necesidad los grandes costos de investigación y desarrollo que argumenta para obtener monopolios.

Lamentablemente esta industria gasta fortunas no sólo en publicidad en los medios sino que garantiza su alta rentabilidad gracias a su estrategia para adquirir voluntades a través de costosas conferencias o capacitaciones para el gremio médico, en forma de agasajos y regalos si recetan determinados productos; vinculando profesionales médicos destacados con honorarios por consultorías; invitaciones a congresos en diferentes partes del mundo o financian investigaciones de poco valor científico, para promover medicinas minimizan los efectos secundarios de los medicamentos o se confabulan para hacer negocios donde inventan o exageran los riesgos sanitarios.

Igualmente, esta industria emplea su riqueza y poder para influir además de los legisladores a los centros médicos y académicos de investigación con medidas destinadas a favorecer la transferencia del conocimiento científico al sector productivo. Los laboratorios sacan provecho de los conocimientos generados en universidades, institutos de investigación -con subsidios estatales y capitales de riesgo, pues asumen la incertidumbre de las primeras y costosas etapas del desarrollo. Estas estrechas relaciones han contribuido a la contaminación de la investigación clínica, y es evidente el conflicto de intereses en los resultados de estudios que se realizan para comprobar la eficacia e inocuidad de los nuevos medicamentos, a pesar de ser dirigidos por investigadores de primera línea y publicados en las revistas más prestigiosas. Otras importantes acusaciones, que han llegado a la justicia, incluyen pago de sobornos a médicos y publicidad engañosa.

Debe haber un modo de cambiar la forma en que se administra la investigación y el desarrollo de nuevos medicamentos; en las condiciones actuales se pone en riesgo no sólo la salud, sino también la empresa de la investigación y las reputaciones de universidades y gobiernos. No se sabe cómo hacer para evitar la influencia de los laboratorios farmacéuticos en la educación y el accionar de los médicos. La integridad de la investigación científica es demasiado importante para dejarla sin supervisión. Es preocupante, que las universidades, los hospitales, las asociaciones médicas y científicas, y las organizaciones defensoras de los derechos del consumidor no se expresen o tomen medidas para revertir esta situación.

Armando Cortés, M.D.
Editor Asistente
e-mail: acortes59@gmail.com

BIBLIOGRAFÍA

Angell M. La verdad acerca de la industria farmacéutica. Bogotá: Grupo Editorial Norma; 2006.
Werner K, Weiss H. El libro negro de las marcas. 2ª ed. Buenos Aires: Editorial Sudamericana; 2006.